José Luis Núñez, quien se desempeña como presidente de la Federación Venezolana de Búsqueda y Rescate, ha emitido un llamado fundamental dirigido a la organización de los esfuerzos ciudadanos en el marco de la gestión de riesgos por sismos en el territorio nacional. La propuesta central del directivo se enfoca en la necesidad imperativa de coordinar y, sobre todo, instruir a los miembros de la sociedad civil que han manifestado su voluntad de colaborar con los grupos de rescate especializados durante las emergencias sísmicas.
El planteamiento de Núñez surge a partir de la observación de la participación activa de la ciudadanía en situaciones de crisis. El presidente de la Federación reconoce que existe una disposición genuina por parte de los civiles para apoyar las labores de salvamento; sin embargo, sostiene que el deseo de ayudar debe ir acompañado de una formación técnica básica y una estructura organizativa clara. Según Núñez, el objetivo primordial de este llamado es garantizar que el esfuerzo ciudadano sea efectivo y contribuya directamente al propósito final de salvar vidas.
Uno de los puntos neurálgicos del discurso de José Luis Núñez es la distinción entre la convocatoria masiva y la instrucción dirigida. El directivo enfatizó que no basta con el simple acto de llamar a la gente para que se sume a las tareas de auxilio. En su lugar, propone un enfoque basado en la optimización de los procesos operativos. Núñez señaló explícitamente: “Creo que si nosotros, más allá de llamar a la gente, le indicamos cómo podemos hacer las cosas mejor, pudiésemos seguir [salvando vidas]”. Esta declaración subraya la importancia de pasar de una ayuda espontánea a una colaboración coordinada y técnicamente orientada.
La coordinación de brigadas civiles se presenta, entonces, no como una barrera para la participación ciudadana, sino como una herramienta para potenciarla. Al instruir a los voluntarios, se busca que estos puedan integrarse de manera armoniosa con los grupos de rescate profesionales, evitando la duplicidad de esfuerzos o la generación de riesgos adicionales durante las operaciones de búsqueda y salvamento en escenarios de sismos. La formación técnica permitiría que el civil sepa exactamente qué rol desempeñar, cómo comunicarse con los mandos operativos y cuáles son los protocolos básicos de seguridad que deben seguirse en el terreno.
Desde la perspectiva de la Federación Venezolana de Búsqueda y Rescate, la integración de la sociedad civil es vista como un activo valioso. No obstante, la eficacia de este activo depende directamente de la capacitación. La premisa es sencilla: una persona instruida es más eficiente y representa un menor riesgo tanto para sí misma como para las víctimas que intenta ayudar. Por lo tanto, la instrucción se convierte en el puente necesario entre la voluntad del ciudadano y la operatividad del rescatista.
El llamado de José Luis Núñez pone de relieve que la gestión de desastres naturales, específicamente los sismos, requiere una sinergia perfecta entre las instituciones y la población. La capacidad de respuesta de un país ante un evento sísmico no depende únicamente de la cantidad de personas disponibles para ayudar, sino de la calidad de la coordinación y del nivel de preparación de quienes intervienen en las primeras horas del evento, que son las más críticas para el salvamento de vidas humanas.
En conclusión, la propuesta de la Federación Venezolana de Búsqueda y Rescate busca transformar el ímpetu de la sociedad civil en una fuerza organizada y capacitada. A través de la instrucción y la coordinación, se pretende optimizar la operatividad de las brigadas civiles, asegurando que cada acción realizada en el campo esté alineada con las mejores prácticas de rescate, maximizando así las probabilidades de éxito en las misiones de salvamento en todo el país.


