En la tarde del 8 de junio, el partido Likud, liderado por el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, publicó un mensaje breve pero contundente en su cuenta oficial de la red social X: “No hay Gadi sin Tibi”. Este mensaje fue acompañado por un video de 11 segundos generado mediante inteligencia artificial que mostraba a dos figuras políticas, Gadi Eisenkot y Ahmad Tibi, situados frente a un parlamento envuelto en nubes oscuras. El clip finalizaba con el texto: “Eisenkot no tiene un Gobierno sin los árabes”, haciendo referencia directa a Tibi, un destacado legislador árabe.
Esta publicación revela dos ejes centrales de la estrategia de campaña del Likud para las elecciones parlamentarias previstas para finales de octubre. En primer lugar, confirma que Netanyahu retomará la retórica antiárabe que ha caracterizado a su partido durante años. En segundo lugar, señala que el exjefe militar Gadi Eisenkot es ahora percibido como la amenaza política más significativa para el líder en funciones más longevo del país, desplazando en esa posición al ex primer ministro Naftali Bennett. Según un asesor de Netanyahu, el partido ya cuenta con otros 400 videos enfocados en atacar a Eisenkot para ser publicados próximamente.
El ascenso de Eisenkot ha sido notable. Su partido, Yashar —que significa “recto” u “honesto” en hebreo—, fue fundado hace menos de un año y pasó de languidecer en encuestas de un solo dígito a competir directamente con el Likud. Actualmente, la mayoría de los sondeos lo sitúan por delante de la lista conjunta integrada por Naftali Bennett y Yair Lapid. A pesar de que ambos habían intentado integrar a Eisenkot en un bloque unificado anti-Netanyahu, el exmilitar declinó la oferta para postularse de manera independiente.
Los datos más recientes, basados en una encuesta del Canal 12, proyectan que el partido de Eisenkot obtendría 21 escaños en la Knéset, el parlamento israelí, quedando solo por detrás de los 23 escaños proyectados para el Likud y superando los 18 de la alianza Bennett-Lapid. Además, al consultar sobre quién está mejor preparado para ejercer como primer ministro, el 38 % de los encuestados eligió a Eisenkot, mientras que el 36 % optó por Netanyahu.
El contraste entre ambos líderes es profundo. Mientras que Netanyahu, de 76 años, es un experto en el teatro político, la oratoria pulida y los mensajes contundentes, Eisenkot, de 66 años, es descrito como una persona de voz suave, discreta y enfocada en los procesos estratégicos. Esta diferencia se extiende a sus orígenes: Netanyahu creció en los círculos de élite de Jerusalén y sirvió en la unidad Sayeret Matkal. Eisenkot, en cambio, es hijo de inmigrantes marroquíes y se crió en Tiberíades y Eilat, lejos de los centros de poder tradicionales. Ascendió en la Brigada Golani hasta ser jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) entre 2015 y 2019.
La relación entre ambos ha sido tensa a pesar de los elogios públicos iniciales. Durante su mando militar, Eisenkot presidió el enjuiciamiento de Elor Azaria, un médico de combate que mató a un atacante palestino herido, manteniendo el proceso legal a pesar de la presión de la derecha y del propio Netanyahu. Más recientemente, Eisenkot entró en política bajo el liderazgo de Benny Gantz y formó parte del gabinete de guerra de emergencia tras los ataques del 7 de octubre. Sin embargo, se volvió crítico con la gestión del Gobierno, señalando en febrero de 2024 que la guerra se estaba llevando a cabo mediante logros tácticos sin objetivos estratégicos claros, especialmente respecto a los rehenes en Gaza.
El componente emocional también ha marcado la trayectoria de Eisenkot. Durante el conflicto actual, perdió a su hijo menor, Gal, y a dos sobrinos en combate, un hecho que contrasta con la situación del hijo de Netanyahu, Yair, quien pasó parte de la guerra en Miami. Tras el funeral de su hijo, Eisenkot prometió tomar las decisiones correctas por quienes se sacrificaron y por el pueblo de Israel.
Analistas sugieren que su origen mizrají —judíos de origen norteafricano y medio oriental— podría darle una ventaja electoral, ya que este grupo es un núcleo tradicional del Likud, pero Israel nunca ha tenido un primer ministro de este trasfondo. No obstante, el camino hacia el poder es complejo. El Likud ha intensificado los ataques, burlándose del acento inglés de Eisenkot y acusándolo, a través de medios pro-Netanyahu, de indulgencia hacia Hezbollah.
Finalmente, la aritmética de coalición sigue siendo el desafío principal. Formar un Gobierno estable que integre a partidos de diversas tendencias y sectores árabes es una tarea difícil. A pesar de esto, Anshel Pfeffer, biógrafo de Netanyahu, sostiene que Eisenkot es el primer rival en años que no intenta imitar el estilo de Netanyahu, sino que intenta vencerlo siendo su opuesto total, lo que podría ser precisamente lo que una parte del electorado israelí está buscando.

