La capacidad de reinvención ante la adversidad económica ha llevado a Ashi Reyes, una artista originaria de Tucumán, a transformar su trayectoria profesional de una manera inesperada. Durante once años, Reyes se dedicó a la creación de esculturas personalizadas de mascotas utilizando lana, un emprendimiento que mantenía un ritmo favorable y que le permitió, en su momento, dejar sus estudios de Psicología para enfocarse plenamente en su actividad comercial. Sin embargo, el panorama cambió drásticamente debido a una crisis económica que afectó sus ingresos y la estabilidad de su hogar.
La situación se volvió crítica en octubre del año pasado, cuando su pareja, Gabriel Rebollo, quedó desempleado tras el cierre del local donde trabajaba. De un momento a otro, ambos se encontraron sin una fuente de ingresos fija, lo que obligó a Ashi a buscar alternativas urgentes para sobrevivir. En medio de esta incertidumbre, un consejo de su hermano resultó ser el catalizador de un nuevo camino: él, quien siempre había sido un admirador de sus pizzas, le sugirió que comenzara a producirlas en cantidad para venderlas.
Así nació la semilla de lo que hoy es "Gato Gordo". En enero de este año, Ashi y Gabriel decidieron impulsar formalmente la marca, comenzando con la venta de pizzas tradicionales. A pesar del esfuerzo, el negocio no lograba despegar con la rapidez necesaria y la pareja comenzó a sentir que el mercado era demasiado difícil, llegando incluso a preocuparse por una posible quiebra. Fue entonces cuando Ashi decidió rescatar una idea que había tenido años atrás: diseñar pizzas con orejas de gato, convencida de que una propuesta visualmente diferente podría marcar la diferencia.
El punto de inflexión ocurrió en marzo, cuando Ashi preparó una "michipizza" —una pizza con forma de cara de gato— para el cumpleaños de una amiga. Sin buscar una estrategia de marketing premeditada, sino simplemente con la intención de compartir su arte, subió un video a su cuenta de Instagram mostrando el proceso de armado de la pieza. El resultado fue inmediato y sorprendente. El video se viralizó con tal fuerza que, antes de que la emprendedora pudiera publicar el segundo clip con el producto terminado, su comunidad ya había crecido exponencialmente. En el lapso de una semana, pasó de tener 50 seguidores a 5.000, y al finalizar el mes, la cifra ya superaba los 10.000 usuarios.
El impacto en las ventas fue igualmente notable. Durante la primera semana posterior a la viralización, vendieron 11 "michipizzas" grandes. Actualmente, el flujo de pedidos es constante cada semana, con picos de demanda especialmente marcados durante la organización de cumpleaños y diversas celebraciones. Este crecimiento permitió a la pareja expandir su oferta gastronómica, creando el denominado "michimenú", que ahora incluye no solo pizzas, sino también "michipanchos", "michipanes" de hamburguesa y "michichips".
Detrás de toda esta identidad visual se encuentra Yuri, el gato de la pareja y la verdadera inspiración detrás de la marca. Yuri es considerado por sus dueños como "el jefe" y es el protagonista absoluto que da rostro al negocio. La ambición de crecimiento de Ashi no se detiene aquí; la emprendedora ya planea incorporar al catálogo nuevas creaciones como "michirravioles", "michifrolas", "michialfajores", "michigalletas" y "michipepas", buscando seguir sorprendiendo a los entusiastas de los felinos.
Este proyecto no es solo una salida económica, sino que tiene una profunda raíz emocional. Ashi opera su negocio desde la cocina de la casa donde creció, en un barrio ubicado a 15 minutos del centro de Tucumán capital. La joven recuerda que su pasión por la cocina comenzó a los ocho años, siendo la pizza la primera comida que preparó sola, siempre alentada por su abuelo, quien la observaba desde la ventana. Hoy, ese recuerdo familiar acompaña el esfuerzo diario por sostener el único ingreso del hogar.
A pesar del éxito en redes sociales y de recibir consultas internacionales desde España, México, Estados Unidos e Italia, la operatividad de "Gato Gordo" se limita actualmente a la provincia de Tucumán. Esto se debe a que la emprendedora no cuenta con el presupuesto necesario para implementar un sistema de transporte que garantice la conservación y frescura de los alimentos durante trayectos largos. No obstante, Ashi ya se encuentra tramitando el registro de su marca con la meta de seguir creciendo y cumplir el sueño de inaugurar un local propio donde el público pueda adquirir sus productos temáticos directamente.


