Slavenka Drakulić, una de las voces más agudas del periodismo crítico y el feminismo en la región de los Balcanes, falleció el 20 de junio de 2026 en su residencia de Sovinjak, Istria, a la edad de 76 años. La escritora y periodista, quien nació el 4 de julio de 1949 en Rijeka, entonces parte de Yugoslavia, dejó un legado centrado en la denuncia del nacionalismo, el patriarcado y los mecanismos del totalitarismo a través de la observación minuciosa de la vida diaria.
Graduada en Sociología y Literatura Comparada por la Universidad de Zagreb, Drakulić se consolidó como una figura prominente en la Yugoslavia de Tito. Sin embargo, su trayectoria dio un giro determinante en diciembre de 1992, cuando fue blanco de una campaña de linchamiento mediático orquestada por el régimen nacionalista de Franjo Tuđman. A través del semanario Globus, fue señalada junto a otras cuatro intelectuales —Rada Iveković, Vesna Kesić, Jelena Lovrić y Dubravka Ugrešić— como las llamadas “cinco brujas” (pet vještica). El artículo “Las feministas croatas violan a Croacia” las acusó de traición por criticar el nacionalismo y por negarse a analizar las violaciones sistemáticas de guerra únicamente desde una perspectiva étnica. Esta persecución llevó a tres de ellas, incluida Drakulić, al exilio. La autora se radicó en Suecia junto a su esposo, el escritor Richard Swartz, aunque mantuvo siempre un vínculo intelectual y emocional con los Balcanes.
El sello distintivo de Drakulić fue su capacidad para rechazar el lenguaje abstracto de los manuales especializados. Mientras otros intelectuales analizaban la "transición" o el "poscomunismo" desde la teoría, ella enfocó su lente en los objetos más simples. En su obra "How We Survived Communism and Even Laughed" (1991), retrató el colapso del sistema comunista a través de la carencia de productos básicos, como tampones femeninos o papel higiénico, y la realidad de las cocinas compartidas. Este enfoque, denominado “realismo del objeto”, también estuvo presente en "Café Europa" (1996) y "Café Europa Revisited" (2021), donde analizó las promesas incumplidas de la transición política.
En el ámbito del feminismo, Drakulić lo entendió como una cuestión de “higiene democrática” más que como una doctrina. En "Smrtni grijesi feminizma" (Los pecados mortales del feminismo, 1984), denunció la hipocresía del Partido Comunista, que proclamaba la igualdad formal mientras ignoraba la violencia doméstica y la doble carga laboral y hogareña de las mujeres. Para la autora, mientras las cocinas siguieran siendo espacios de servidumbre invisible, cualquier discurso sobre la igualdad sería una mentira estructural. Esta convicción la llevó a exponer la retroalimentación constante entre el patriarcado y el nacionalismo.
El cuerpo femenino fue otro de sus ejes centrales, analizándolo como un archivo de contradicciones y una trinchera de violencia. En su novela "As if I am not there: A novel about the Balkans" (1999), ofreció una representación cruda de la violación utilizada como arma de guerra. Asimismo, a través de una trilogía dedicada a mujeres eclipsadas —Frida’s Bed, Dora and the Minotaur y Mileva Einstein, Theory of Sadness—, realizó un trabajo de justicia retrospectiva sobre la mutilación de la memoria cultural femenina.
Su análisis sobre la banalidad del mal, influenciada por Hannah Arendt, se reflejó en "They Would Never Hurt a Fly: War Criminals on Trial in The Hague" (2004), fruto de cinco meses de observación en los juicios del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia. Drakulić concluyó que los criminales de guerra no eran villanos innatos, sino personas comunes —vecinos, maestros o tenderos— a quienes la propaganda había autorizado a cometer atrocidades.
Hacia el final de su vida, en su libro "Zašto nisam naučila kuhati" (Por qué no aprendí a cocinar), Drakulić analizó los "zidnjaci", bordados tradicionales de las cocinas balcánicas. Lo que parecía decoración era, según la autora, una pedagogía visual que marcaba los límites del espacio permitido para las mujeres.
En sus últimos años, Drakulić mantuvo una postura firme ante la invasión rusa de Ucrania en 2022, alertando sobre la repetición de los patrones de nacionalismo imperial y olvido histórico que ya había analizado en los Balcanes. Condenó la agresión y rechazó las posturas que relativizaban el conflicto.
Slavenka Drakulić falleció tras enfrentar problemas de salud que incluyeron dos trasplantes de riñón, pero conservando su lucidez intelectual hasta el final. Su obra permanece como un método de resistencia basado en la atención a la memoria concreta y la vida cotidiana frente a la simplificación y la polarización del mundo actual.


