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Metula: El pueblo israelí que no cree en los altos el fuego mientras vive bajo fuego

El anuncio de un nuevo alto el fuego mediado por Estados Unidos en Líbano fue recibido con escepticismo y sarcasmo en la ciudad fronteriza de Metula, en Israel.

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Metula: El pueblo israelí que no cree en los altos el fuego mientras vive bajo fuego
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Metula, la ciudad más septentrional de Israel, se ha transformado en un pueblo fantasma donde el escepticismo predomina sobre la diplomacia. A pesar de los constantes anuncios de alto el fuego mediados por Estados Unidos, los residentes denuncian que los ataques de Hezbollah continúan a diario, dejando la mayoría de las viviendas dañadas y una profunda sensación de abandono por parte del gobierno. Mientras Washington intenta coordinar acuerdos entre Israel, Líbano e Irán, la realidad en la frontera es de vulnerabilidad y desconfianza. Los habitantes temen que un retiro militar simbólico deje la zona expuesta a una nueva tragedia, sintiendo que su seguridad es sacrificada en favor de intereses geopolíticos decididos en despachos lejanos.

En la ciudad más septentrional de Israel, el silencio es la norma. Daniel Dorman, dueño de una pizzería local, observa cómo su establecimiento permanece mayormente vacío, una situación que se ha prolongado durante semanas. Con apenas unos pocos clientes distribuidos en dos mesas, el resto del restaurante refleja la realidad de Metula: una ciudad que hoy se encuentra desierta.

Ubicada en una franja de tierra que se adentra en el territorio libanés, Metula solía ser un destino vibrante para el turismo en esta época del año. Fundada hace más de 130 años, la comunidad llegó a ser apodada “Europa” debido a la oferta de hoteles y restaurantes que bordeaban la calle HaRishonim, nombrada así en honor a los pioneros que fundaron el asentamiento. Sin embargo, esa atmósfera ha sido reemplazada por el escepticismo y el sarcasmo, especialmente tras el anuncio el pasado viernes de un nuevo alto el fuego en Líbano, mediado por Estados Unidos.

Para los residentes, este anuncio es solo el último de una serie de proclamaciones similares emitidas desde noviembre de 2024. “¿Qué alto el fuego?”, cuestiona Dorman. Según su testimonio, hasta el día anterior no hubo una sola jornada sin fuego, marcada por interceptaciones aéreas, explosiones, drones y artillería. Para el pizzero, las promesas de cese al fuego nunca resultan ser reales.

La situación de Metula evidencia los límites de la diplomacia entre Israel y Hezbollah. Antes del conflicto actual, la ciudad contaba con unos 2.000 habitantes que habían convivido con tensiones transfronterizas durante décadas. No obstante, la realidad cambió drásticamente en octubre de 2023, cuando Hezbollah, con el respaldo de Irán, comenzó a lanzar cohetes hacia el norte de Israel en solidaridad con Hamas. Metula ha sido una de las zonas más golpeadas, con más del 60 % de sus viviendas dañadas y entre un tercio y la mitad de sus residentes aún desplazados.

En el plano diplomático, los embajadores de Israel y Líbano tienen previsto reunirse nuevamente en Washington para una quinta sesión destinada a poner fin a la guerra. Estas conversaciones han sido calificadas como “una farsa” por Hezbollah, ya que el grupo no ha sido incluido en las negociaciones. Mientras tanto, fuentes israelíes sugieren que podría ofrecerse una retirada limitada y simbólica como un gesto hacia el Gobierno libanés.

El historial reciente muestra la fragilidad de estos acuerdos. Un periodo de relativa calma siguió al primer alto el fuego negociado por la administración Biden hace casi dos años, manteniéndose durante 15 meses. Sin embargo, este colapsó el 2 de marzo, cuando Hezbollah lanzó cohetes en represalia por ataques estadounidenses e israelíes que resultaron en la muerte del líder supremo de Irán, abriendo así el frente de guerra con Teherán.

Israel respondió con una incursión terrestre en Líbano, estableciendo una zona de amortiguamiento de seguridad que empujó a sus fuerzas aproximadamente 10 kilómetros dentro del territorio libanés, acompañada de intensos ataques aéreos. El costo humano ha sido severo: el Ministerio de Salud de Líbano reporta más de 4.000 muertos y más de un millón de desplazados. Por su parte, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) informan de la muerte de 36 soldados y cuatro civiles, mientras que solo durante el pasado fin de semana, cinco soldados murieron por fuego de Hezbollah en un lapso de 24 horas.

Moti Aharon, residente de 58 años cuya casa centenaria fue alcanzada dos veces, expresa su desconfianza en la diplomacia estadounidense. Aharon sostiene que Washington no comprende la naturaleza de sus interlocutores y que intentar tratar con Irán “con guantes de seda” no funcionará. Para él, el conflicto es un ciclo repetitivo de 50 años donde ambas partes disparan, calificando como “tontería” las afirmaciones del primer ministro Benjamin Netanyahu sobre haber ganado o disuadido a Hezbollah.

La presión de la administración Trump, que ha negociado varios altos el fuego desde el 15 de abril, ha reducido la actividad militar israelí, pero no ha logrado un acuerdo definitivo. Existe una ruptura pública entre Trump y Netanyahu, ya que el primer ministro israelí se resiste a finalizar las guerras en Irán y Líbano, apoyado por aliados de extrema derecha que abogan por una presencia permanente en la zona.

Irán, por su parte, exige la retirada total de Israel para avanzar en un memorando de entendimiento de 14 puntos con Estados Unidos. Aunque se ha acordado establecer una “comisión de desescalada” con el Gobierno libanés y mediadores de Qatar y Pakistán, no se espera que Israel esté representado en ella.

En Metula, el sentimiento es de abandono. El alcalde David Azulai ha criticado abiertamente al Gobierno, afirmando en redes sociales que las decisiones que afectan a la nación y al primer ministro no representan a los ciudadanos del norte, llegando a describir a Netanyahu como un subordinado del presidente Donald Trump.

A pesar de que las FDI afirman haber destruido una extensa infraestructura subterránea de Hezbollah, incluyendo túneles y arsenales, el miedo persiste. Niv Shisler, un joven rapero de 24 años que se mudó al pueblo atraído por los bajos alquileres, vive con el corazón acelerado ante cada explosión. Su temor no es la lucha, sino un acuerdo de retiro que deje la frontera vulnerable. “La gente tiene miedo de un alto el fuego donde nos retiremos de nuestra propia frontera”, advierte, temiendo que se repita un evento similar al 7 de octubre en el norte.

Para Daniel Dorman y sus vecinos, la tragedia es saber que su destino se decide en despachos lejanos. “Todo se trata de intereses, y Metula no es uno de ellos”, concluye.

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