La Oficina de Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha publicado un informe alarmante que pone de manifiesto la gravedad de la crisis humanitaria en Sudán, centrándose específicamente en la sistemática utilización de la violencia sexual durante los tres años de guerra civil que atraviesa el país. Según los datos recabados y verificados por el organismo internacional, al menos 838 personas han sido víctimas de 546 casos documentados de violencia sexual, una cifra que, según advierte el propio informe, representa únicamente la "punta del iceberg" del alcance real de estos abusos en el territorio sudanés.
El desglose de las víctimas revela un patrón claro de vulnerabilidad, afectando predominantemente a mujeres y menores. De las 838 víctimas identificadas, 539 son mujeres y 284 son niñas. No obstante, el documento también registra que la violencia ha alcanzado a hombres y niños, contabilizando ocho hombres y siete niños entre los afectados por estas agresiones. La disparidad en las cifras subraya la magnitud del ataque dirigido hacia la población femenina y la infancia en el contexto del conflicto armado.
En cuanto a la autoría de estos crímenes, el informe de la ONU señala que la mayoría de los incidentes verificados fueron perpetrados por hombres que vestían los uniformes de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), así como por grupos afiliados a estas y milicias árabes. Si bien la mayor parte de las acusaciones recaen sobre estas fuerzas, el documento no excluye la responsabilidad de otras partes en el conflicto, indicando que también existen casos de violencia sexual atribuidos al ejército sudanés, la fuerza militar que se enfrenta a las FAR en la disputa por el poder.
La gravedad de estos actos ha llevado al alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, Volker Türk, a emitir una advertencia contundente sobre la naturaleza de estas agresiones. Türk destacó que la violencia sexual está siendo utilizada deliberadamente como un arma de guerra, una práctica que, bajo el derecho internacional, constituye un crimen de guerra. Asimismo, el funcionario subrayó que estos actos pueden ser tipificados como crímenes de lesa humanidad en el caso de que se demuestre que han sido cometidos como parte de un ataque generalizado o sistemático contra la población civil.
El informe detalla niveles extremos de brutalidad, revelando que casi una cuarta parte de los incidentes documentados implicaron violaciones en grupo. Entre los casos más atroces registrados por la oficina de Naciones Unidas, se cita el ataque contra una niña que fue agredida sexualmente por al menos diez hombres, lo que ejemplifica la crueldad de las tácticas empleadas en el terreno.
Las consecuencias físicas y psicológicas de estos ataques han sido devastadoras. El documento de la ONU ha logrado documentar la muerte de al menos 13 víctimas a consecuencia de estas violaciones en grupo. Más allá de las muertes directas, el informe señala que una gran cantidad de supervivientes han sufrido complicaciones médicas graves derivadas de las agresiones. Un dato particularmente crítico es que, al menos, 59 de las víctimas quedaron embarazadas como resultado de estas violaciones.
La investigación concluye que, desde que comenzó el conflicto civil, la violencia sexual no ha sido un efecto colateral imprevisto, sino que ha sido perpetrada de manera coordinada y sistemática junto a otros ataques contra la población civil, funcionando como una táctica de guerra diseñada para desestabilizar y aterrorizar a la comunidad.
Finalmente, el organismo internacional aclara que el concepto de violencia sexual en este informe abarca diversas modalidades. Además de las violaciones, se han documentado al menos 85 casos de esclavitud sexual, así como situaciones de matrimonio forzado y prostitución forzada. El informe también incluye en sus denuncias la tortura sexual y la trata de personas con fines de violencia sexual, consolidando un panorama de abusos sistemáticos que afectan la integridad fundamental de la población civil en Sudán.

