En el corazón de la Amazonía ecuatoriana, específicamente en el valle del río Upano, se ha puesto al descubierto una red de asentamientos que está obligando a los especialistas a replantear la historia de las civilizaciones precolombinas. El sitio arqueológico de Huapula es uno de los puntos clave de este sistema, donde el arqueólogo Alden Yépez, de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), ha identificado una de las redes de montículos artificiales más densas halladas hasta la fecha.
Aunque la existencia de algunas de estas formaciones era conocida por arqueólogos locales desde hace cinco décadas, la verdadera escala de este paisaje urbano, con una antigüedad estimada de entre 2.500 y 3.000 años, ha salido a la luz recientemente gracias a la tecnología LiDAR. Este sistema de detección y medición por luz, implementado en 2015 por el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) de Ecuador, permitió emitir millones de pulsos láser desde aviones para filtrar el follaje y generar mapas tridimensionales precisos del suelo.
Los análisis de estos datos, publicados en años recientes, revelan un panorama sorprendente: la zona alberga una red de casi 7.500 estructuras artificiales. Entre ellas se contabilizan más de 5.000 plataformas de tierra, cerca de 1.500 colinas y cientos de montículos redondeados, complementados con espacios similares a plazas, terrazas, zanjas y sistemas de drenaje. Según Rita Litben, investigadora encargada del análisis inicial para el INPC, se trata de obras de ingeniería en tierra donde los antiguos habitantes moldearon y orientaron el barro del suelo selvático.
Este hallazgo debanca la antigua teoría del determinismo ambiental, popularizada en las décadas de 1950 y 1960 por la arqueóloga Betty Meggers, quien sostenía que el clima hostil de la Amazonía impedía el progreso humano y limitaba a sus habitantes a grupos nómadas de cazadores-recolectores. Por el contrario, las evidencias en el valle del Upano sugieren civilizaciones sofisticadas capaces de transformar sistemáticamente el paisaje.
Sin embargo, los expertos aclaran que no se trata de "ciudades" en el sentido clásico europeo. Michael Heckenberger, antropólogo de la Universidad de Florida, describe este modelo como un urbanismo de baja densidad y multicéntrico, sugiriendo términos como "ciudades jardín" o "urbanismo galáctico". En este sistema, las plataformas se organizaban generalmente en grupos de tres a seis unidades alrededor de una plaza. Los montículos más pequeños, de 2 a 3 metros de altura, muestran vestigios de vida cotidiana como vasijas y semillas cocidas, mientras que las estructuras más grandes, que pueden alcanzar los 8 metros de altura, parecen haber tenido funciones ceremoniales.
La infraestructura de transporte también destaca por su complejidad. El arqueólogo Stéphen Rostain, del CNRS de Francia, ha documentado un sistema de caminos sorprendentemente rectos que podían extenderse por 25 kilómetros, con anchos de entre 2 y 15 metros, conectando diversas comunidades posiblemente para fines comerciales. Asimismo, Rostain identificó campos de cultivo organizados en parcelas geométricas donde se producía maíz, frijoles, yuca y batata, además del consumo de chicha.
A pesar de los avances, persisten debates y misterios. El equipo de Yépez y el ingeniero Jonathan Panimboza Deleg proponen la hipótesis de las "ciudades osmóticas", sugiriendo que las zanjas y plazas funcionaban como canales de drenaje y reservorios para gestionar las intensas lluvias de la zona, una teoría que Rostain ha calificado de infundada. Por otro lado, Florencio Delgado, profesor de la Universidad San Francisco de Quito, señala que aún faltan piezas clave del rompecabezas antropológico, pues no se han hallado cementerios ni restos óseos que expliquen dónde está la población que construyó estas obras.
En la actualidad, la preservación de este patrimonio enfrenta retos. Muchos montículos se encuentran en terrenos privados y algunos agricultores intentan destruirlos para facilitar la siembra. Frente a esto, han surgido iniciativas locales como los "Guardianes del Patrimonio" en la provincia de Morona, un grupo de voluntarios que vigila las estructuras y educa a los propietarios. En la localidad de Pablo Sexto, se ha creado un parque arqueológico con paneles informativos y letras monumentales que celebran las "tolitas", con la esperanza de que este legado se convierta en un activo de valor para los residentes actuales.


