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Crisis democrática en Ecuador: El voto contra el adversario impulsa la llegada de improvisados al poder

Ecuador sufre una profunda crisis democrática, por eso ya no se eligen propuestas sino que se vota en contra de otra opción, dando el poder a improvisados

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Crisis democrática en Ecuador: El voto contra el adversario impulsa la llegada de improvisados al poder
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Medardo Mora Solórzano advierte que Ecuador atraviesa una profunda crisis democrática y moral donde el voto ya no elige proyectos de país, sino que se basa en rechazar al adversario. Esta dinámica ha permitido que personas improvisadas y sin méritos alcancen el poder, priorizando la demagogia de las redes sociales sobre el liderazgo real y el compromiso con el bienestar ciudadano. La ausencia de partidos políticos con ideologías claras ha convertido las elecciones en un negocio de alquiler de estructuras y financiamiento. El resultado es un Estado capturado por intereses personales que manipula la justicia y descuida servicios básicos como salud y seguridad, dejando a la población en un estado de total desprotección e inseguridad jurídica.

Medardo Mora Solórzano ha planteado una reflexión crítica sobre la situación actual del Ecuador, señalando que el país atraviesa una profunda crisis democrática. Según el análisis, esta problemática no es un hecho aislado, sino que se encuentra íntimamente ligada a la crisis moral y al subdesarrollo social y económico que afecta a la nación. Para Mora Solórzano, el núcleo del problema reside en que el sistema democrático ha dejado de funcionar como un mecanismo de selección basado en proyectos de país.

En la actualidad, el proceso electoral en Ecuador ha sufrido una transformación negativa. El autor sostiene que ya no se eligen gobernantes basándose en sus propuestas, sino que el electorado vota principalmente en contra de otra opción. Esta dinámica de votar por "el menos malo" ha permitido que personas improvisadas, sin antecedentes probados de merecimientos, alcancen los cargos más altos del Estado. Durante los años transcurridos del siglo XXI, esta tendencia se ha consolidado, dejando el camino libre para quienes carecen de una trayectoria de liderazgo real.

El escenario descrito revela una radicalización de las posiciones políticas. Mora Solórzano advierte que existe una pugna constante entre quienes ejercen el poder y quienes aspiran a recuperarlo, con el objetivo de imponer sus criterios de manera autoritaria y abusiva. En este contexto, las instituciones del Estado dejan de servir al bien común para convertirse en herramientas destinadas a satisfacer egos o intereses personales y grupales, ignorando por completo la grave situación que atraviesa la ciudadanía.

Un factor determinante en este proceso ha sido el auge de las redes sociales. El análisis indica que estas plataformas han sido aprovechadas para privilegiar la propaganda demagógica con el fin de seducir al votante. Sin embargo, esta estrategia de comunicación contrasta con la falta de patriotismo, transparencia y responsabilidad que el ejercicio del poder demanda. Esta carencia de compromiso se refleja en la incapacidad de enfrentar problemas críticos que afectan la vida diaria de los ecuatorianos, tales como el desempleo, la corrupción y la inseguridad. Asimismo, el autor lamenta la falta de priorización de políticas públicas esenciales en sectores como la salud, la educación, la vialidad, la vivienda y las actividades productivas.

Bajo estas condiciones, cualquier persona audaz, independientemente de que no posea méritos o que cuente con un pasado oscuro, puede autopostularse como candidato. El éxito de estas candidaturas no depende de la formación política ni de la lucha por convicciones, sino de la capacidad de tener o alquilar un partido político y disponer de dinero suficiente para financiar campañas de propaganda y la entrega de obsequios a los votantes. Mora Solórzano es enfático al señalar que estos personajes están lejos de ser dirigentes o líderes formados en la lucha por ideales que permitan el desarrollo económico y el bienestar de la población.

La raíz de esta realidad responde, según el autor, a la inexistencia de partidos políticos doctrinarios y organizados. Ecuador carece de estructuras partidistas que respondan a tesis históricas de pensamiento crítico y a ideales que planteen soluciones reales a las necesidades sociales. Esta ausencia de cuadros políticos formados es lo que explica por qué el país ha terminado votando por improvisados sin méritos probados.

Finalmente, el análisis advierte que quienes logran ganar las elecciones suelen olvidar que el sustento de una democracia es el sometimiento a la ley. En lugar de respetar el marco legal, los gobernantes se dedican a influir en su aplicación y a manipular instituciones clave, como la administración de justicia, los organismos de control y los entes electorales. Esta manipulación genera una situación de inseguridad jurídica que deja al ciudadano en un estado de orfandad, sin la protección del Estado y expuesto a persecuciones injustas.

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