La Unión Cívica Radical (UCR) de la Ciudad de Buenos Aires se encuentra atravesando un complejo proceso de redefinición política, intentando navegar entre dos objetivos que, en la práctica, generan una tensión constante. Por un lado, el partido ha resuelto avanzar en la construcción de una coalición de centro progresista con miras a disputar la Jefatura de Gobierno en 2027. Por otro, sus legisladores continúan siendo una pieza fundamental para garantizar la gobernabilidad de la gestión de Jorge Macri, facilitando las mayorías necesarias para aprobar iniciativas centrales del oficialismo.
Esta dualidad estratégica se ha hecho evidente tras la renovación de las autoridades partidarias. Bajo la conducción de Hernán Rossi, presidente de la UCR Ciudad, el partido aprobó recientemente un plan de acción diseñado para fortalecer su perfil político. El objetivo es conformar equipos técnicos y diseñar una propuesta electoral que sea capaz de atraer a un amplio arco político, incluyendo sectores del PRO, el larretismo y aquellos espacios que se encuentran alejados tanto del kirchnerismo como de La Libertad Avanza.
La premisa que guía a los dirigentes radicales es clara: existe el riesgo de que una eventual convergencia electoral entre el macrismo y los libertarios vuelva a polarizar el escenario político de la Ciudad. De concretarse este escenario, el espacio disponible para una propuesta de centro se reduciría drásticamente, limitando las posibilidades de la UCR de presentarse como una alternativa competitiva y autónoma.
Sin embargo, esta estrategia de mediano plazo convive con una realidad parlamentaria muy distinta. En la Legislatura porteña, el radicalismo forma parte de un esquema de acuerdos que resulta determinante para el funcionamiento del gobierno de Jorge Macri. Esta dinámica quedó expuesta recientemente en la antesala de la sesión del 18 de junio, donde los legisladores radicales aportaron sus votos para los despachos de mayoría de tres iniciativas clave: la reforma del sistema de Verificación Técnica Vehicular (VTV), la denominada Ley Hojarasca y la modificación del régimen de los "trapitos". Estas tres medidas son representativas de la agenda legislativa que actualmente comparten el PRO y La Libertad Avanza.
El acompañamiento radical no ha sido un hecho aislado. Durante los últimos meses, el partido ha facilitado diversos proyectos vinculados a la agenda de gestión y económica impulsada por el oficialismo porteño. Para lograrlo, han utilizado diferentes mecanismos: en algunas ocasiones mediante votos afirmativos directos y, en otras, a través de posiciones intermedias o disidencias parciales. Independientemente de la forma, el resultado político ha sido el mismo: contribuir a la construcción de las mayorías requeridas para el avance de las iniciativas gubernamentales.
Detrás de este funcionamiento parlamentario opera un factor que trasciende la estructura interna del partido. Tras la derrota electoral de mayo de 2025, Jorge Macri recurrió al dirigente radical Daniel Angelici para robustecer la articulación política del oficialismo. Esta influencia se consolidó con la designación de Cristian Gribaudo en la Secretaría Administrativa de la Legislatura, posicionándolo en un ámbito neurálgico para la negociación de los acuerdos parlamentarios.
En este contexto, los legisladores radicales ocupan una posición singular y contradictoria. Mientras forman parte de la estrategia para construir una expresión de centro progresista para el próximo ciclo, integran simultáneamente la arquitectura de poder que permite el funcionamiento cotidiano del oficialismo. La principal dificultad para el radicalismo reside en administrar ambos planos sin que uno anule al otro.
La influencia de Daniel Angelici es clave para entender cómo conviven estas dos dinámicas. En su entorno sostienen que Angelici apuesta a una coalición amplia para las elecciones del próximo año que excluya a La Libertad Avanza. Al mismo tiempo, el dirigente desempeña un rol central en la articulación que Jorge Macri necesita para sostener su gobernabilidad.
El desafío final para la UCR porteña será evitar que la creciente cercanía entre macristas y libertarios condicione la posibilidad de construir su propio espacio. El partido considera que el PRO sigue siendo la fuerza política más relevante para cualquier alternativa competitiva en la Ciudad y, por ello, busca preservar sus vínculos. No obstante, la tensión persiste: es complejo desarrollar una estrategia electoral autónoma mientras se mantiene una política legislativa que sostiene, en gran medida, al gobierno actual.

