Cada 10 de junio, Argentina conmemora el Día Nacional de la Seguridad Vial, una fecha establecida con el propósito fundamental de generar conciencia y fomentar la reflexión sobre las conductas necesarias en la vía pública. El objetivo central de esta efeméride es reducir la cantidad de incidentes y accidentes, extendiendo la mirada no solo a quienes conducen vehículos, sino también a la protección de los peatones.
En este marco, la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) ha difundido su último informe, actualizado con datos correspondientes al año 2025. Las cifras revelan un escenario complejo: durante el último año se produjeron 3.255 accidentes fatales en todo el territorio nacional, los cuales resultaron en la pérdida de 4.060 vidas humanas. Esto se traduce en una tasa de mortalidad de 8,8 personas por cada 100.000 habitantes.
Al analizar la evolución de estos índices, se observa que el resultado es levemente inferior al registrado en 2024, cuando la tasa se situó en 8,7. Sin embargo, estas cifras representan una mejora considerable si se comparan con el pico máximo registrado hace una década; en el año 2016, la relación de mortalidad había alcanzado las 12,8 personas cada 100.000 habitantes a nivel nacional.
El análisis geográfico del informe muestra disparidades significativas entre las jurisdicciones. Si bien la provincia de Buenos Aires es el lugar donde se concentró el mayor número de fallecimientos, con un total de 1.281 víctimas, no es la zona con la mayor tasa de siniestralidad en relación con su densidad poblacional. Ese indicador lo lidera la provincia de Misiones, que presenta un índice de 17,9.
Otras provincias que registran tasas elevadas de mortalidad vial incluyen a Santiago del Estero con un 16,1%, Catamarca con un 13,9%, Chaco con un 13,8%, Tucumán con un 13,3%, La Pampa con un 13%, Corrientes con un 12,9%, La Rioja con un 12,4% y Jujuy con un 12,2%. En el extremo opuesto, la provincia de Buenos Aires, San Juan y Neuquén comparten una tasa de 7,3, mientras que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires registra la tasa más baja del país, con un 2,7.
Respecto a la ubicación y el horario de los siniestros, la ANSV detalla que el 51% de los accidentes fatales ocurren en rutas, seguidos por las calles con un 25%, las avenidas con un 17% y las autopistas con un 5%. En cuanto a la temporalidad, el 52% de estos eventos se producen durante el horario nocturno. Sobre el tipo de accidente, predominan las colisiones con un 57% de los casos, mientras que el atropello de peatones representa el 13% y los vuelcos o caídas de motocicletas el 10%.
El informe también identifica picos críticos de accidentalidad. Los sábados entre las 6 y las 7 de la mañana, y los miércoles entre las 20 y las 21 horas, concentran cada uno el 9% de los accidentes diarios. Otros horarios de riesgo son los domingos de 6 a 7 am y los jueves de 19 a 20 hs.
El perfil de la víctima fatal se mantiene constante en el tiempo: hombres jóvenes, de entre 15 y 34 años y usuarios de motocicletas. En 2025, el 79% de los fallecidos fueron hombres. En términos etarios, la franja de 25 a 34 años representó el 23% de las víctimas, mientras que la de 15 a 24 años el 20%. En cuanto al vehículo involucrado, el 46% conducía o viajaba en moto, el 23% en automóviles de pasajeros, el 14% eran peatones, el 8% en pickups y el 5% circulaba en bicicleta.
Paralelamente, un estudio realizado específicamente en la Ciudad de Buenos Aires por la Federación Internacional del Automóvil (FIA) Región IV y el Automóvil Club Argentino (ACA) arrojó datos sobre el comportamiento de los motociclistas. Aunque el 92,8% circulaba con el casco puesto, casi 2 de cada 10 utilizaban el teléfono celular mientras conducían. Esta cifra asciende al 26,4% en el caso de motociclistas comerciales dedicados al delivery y mensajería. En contraste, los conductores comerciales mostraron un mayor uso de ropa reflectiva (13,8%) frente a los conductores particulares (7,5%).
Desde la FIA Región IV señalaron que, si bien hay avances en el uso del casco, persisten desafíos críticos en los hábitos de conducción y las distracciones. A esto se suma la emergencia de la micromovilidad —monopatines y bicicletas—, que creció exponencialmente tras la pandemia. Fernando Rodríguez, especialista en Derecho del Seguro, advierte que este nuevo ecosistema de movilidad carece de un marco claro de convivencia, lo que desplaza el riesgo hacia el peatón cuando los usuarios utilizan las veredas para evitar el tráfico. Rodríguez enfatiza que existe una falsa percepción de seguridad debido al bajo peso de estos vehículos, olvidando que cualquier incidente puede derivar en daños y perjuicios con responsabilidades legales claras.


