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El Louvre reabre la Galería Apolo tras el robo de las joyas imperiales

Acudo al Louvre unos días antes de la reapertura de la Galería Apolo. Me interesaba saber cómo vivieron el robo, en primera persona, algunos trabajadores del museo

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El Louvre reabre la Galería Apolo tras el robo de las joyas imperiales
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El Museo del Louvre ha reabierto la Galería Apolo, aunque el espacio ahora evidencia la ausencia de las joyas imperiales sustraídas en un audaz robo el pasado 19 de octubre. Cuatro delincuentes disfrazados de obreros lograron saquear tiaras y collares de diamantes en menos de ocho minutos, dejando atrás únicamente la corona de Eugenia de Montijo, recuperada en mal estado. Mientras las autoridades siguen buscando el botín, el personal del museo observa cómo el público reacciona con fascinación cinematográfica, comparando el suceso con las aventuras de Arsène Lupin. Para algunos trabajadores, el robo es visto como una anécdota curiosa, mientras que otros reflexionan sobre la fragilidad del patrimonio frente a tragedias humanas más profundas.

La ministra de Cultura francesa, Catherine Pegard, ha anunciado oficialmente la reapertura de la Galería Apolo en el Museo del Louvre. Sin embargo, el espacio se presenta ahora como una escena de ausencia; el público puede volver a recorrer la sala, pero se encontrará con la falta de las vitrinas que custodiaban las joyas imperiales de Francia, las cuales fueron sustraídas en un audaz robo que captó la atención mundial. La única modificación visible en la infraestructura son la instalación de rejas en las ventanas como medida de refuerzo en la seguridad del recinto.

Los hechos que llevaron al cierre temporal de la sala ocurrieron la mañana del 19 de octubre pasado. Cuatro individuos, disfrazados de obreros, llegaron a las inmediaciones del museo utilizando una plataforma elevadora, similar a las empleadas para subir muebles a balcones. Los delincuentes lograron alcanzar una ventana, cortaron el cristal con herramientas industriales y destrozaron dos vitrinas. En menos de ocho minutos, los asaltantes desaparecieron con diversas piezas de las antiguas Joyas de la Corona de Francia, incluyendo tiaras, collares, pendientes y broches que pertenecieron a figuras como María Luisa, María Amalia y Eugenia de Montijo. El botín, compuesto por miles de diamantes, esmeraldas y zafiros, representa una parte fundamental de la historia francesa convertida en botín.

A pesar de que algunos sospechosos fueron detenidos posteriormente, la mayor parte del tesoro sigue desaparecida. La única pieza recuperada hasta la fecha es la corona de Eugenia de Montijo, la cual fue hallada dañada durante la huida. Un detalle singular del caso es que la furgoneta utilizada por los ladrones fue encontrada abandonada en el departamento de Val-d'Oise, cerca de una pequeña localidad llamada Louvres, lo que añade un matiz casi literario a la crónica del suceso.

La Galería Apolo, ubicada en la sala 705 de la primera planta del ala Denon, es un espacio cuya decoración inspiró la Galería de los Espejos de Versalles y fue concebida originalmente para Luis XIV. Antes de ser museo, el Louvre fue una fortaleza medieval y un palacio real donde residieron reyes como Carlos V, Francisco I, Enrique IV y Luis XIII. Tras la Revolución Francesa, el palacio se transformó en un museo público y las colecciones reales pasaron a manos del pueblo francés.

En el seno del museo, los trabajadores —los testigos invisibles del día a día— mantienen una perspectiva particular sobre el robo. Una camarera marroquí señaló que los visitantes no parecen escandalizados, sino que muestran una mezcla de admiración y diversión, percibiendo el robo como una película de atracos más que como un atentado al patrimonio. Según ella, el Louvre funciona como una ciudad donde siempre ocurre algo y resulta sorprendente que se haya tardado tanto tiempo en intentar un robo de este tipo, dada la magnitud y complejidad del edificio.

Por otro lado, una limpiadora ucraniana del ala Richelieu ofreció una reflexión más profunda sobre la pérdida. Para ella, la fascinación occidental por la desaparición de joyas es un signo de vivir en países en paz. Comparó la pérdida de piezas tasables por un seguro con la desaparición de ciudades enteras, escuelas y plazas en Ucrania debido a la guerra, donde lo que se pierde no es una vitrina, sino la geografía misma y el lugar donde se depositan los recuerdos.

Finalmente, el personal del museo, incluyendo a un empleado senegalés de la librería, coincide en que el interés del público es más literario o cinematográfico, comparando el hecho con las aventuras de Arsène Lupin. Este sentimiento sugiere que el robo ha activado un imaginario colectivo donde el acto de sustraer las joyas de los antiguos emperadores es percibido casi como una escena revolucionaria, una forma simbólica de desafiar el poder antiguo dos siglos después de la caída de la monarquía. Mientras tanto, los trabajadores recuerdan que el museo ha estado operando bajo una presión extrema, con infraestructuras al límite y una seguridad tensionada por el flujo constante de visitantes.

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