La tradición futbolística de Perú posee un peso específico considerable dentro del panorama sudamericano. Sin embargo, la realidad actual del equipo nacional dista mucho de aquellos tiempos gloriosos de Teófilo Cubillas y de la selección de la franja que, durante la década de los setenta, deleitó a los seguidores del balompié con su juego. De igual manera, se percibe cada vez más distante el recuerdo de la etapa liderada por Ricardo Gareca, aquel proceso que permitió al equipo peruano regresar a la máxima cita futbolística del mundo hace casi diez años.
En la actualidad, Perú se encuentra atravesando un complejo proceso de renovación. Esta transición ha impactado profundamente el desempeño del equipo en las eliminatorias rumbo al Mundial 2026, dejando al descubierto vulnerabilidades estructurales y deportivas que han impedido la clasificación al torneo.
La Copa del Mundo que se llevará a cabo en Norteamérica introdujo una novedad significativa para las selecciones de la región: la ampliación de los cupos para Sudamérica. En el proceso clasificatorio anterior, las plazas directas eran cuatro, con una selección adicional yendo al repechaje. Para el ciclo actual, el número de plazas directas aumentó a seis, manteniendo una plaza para la repesca. A pesar de este incremento en las posibilidades de acceso, la selección peruana no logró asegurar su lugar en la competición.
El balance numérico de las eliminatorias sudamericanas refleja la magnitud del fracaso. Perú finalizó el proceso en el noveno lugar de la tabla, acumulando apenas 12 puntos. Esta cifra los dejó a ocho unidades de distancia de Bolivia, selección que logró alcanzar el cupo a la repesca tras sumar 20 puntos. En el cierre de la clasificación, solo hubo una selección que obtuvo un desempeño inferior al peruano: Chile, que terminó en la última posición con un total de 11 puntos.
Diversos factores confluyeron para que el equipo incaico se alejara de la pelea por la clasificación. Uno de los puntos más críticos fue la incapacidad de hacerse fuerte jugando como local, un aspecto fundamental en cualquier proceso eliminatorio. A esto se sumó la ausencia de varias figuras emblemáticas de la denominada "generación gloriosa", aquella que consiguió la clasificación a Rusia 2018, la cual representa la última participación de Perú en un Mundial. El vacío dejado por estos jugadores afectó el rendimiento general y ha llevado al equipo a un estado de reconstrucción total.
La falta de recambio en posiciones estratégicas ha sido particularmente evidente. En la línea de ataque, se hace palpable la ausencia de Paolo Guerrero, cuya capacidad goleadora no ha sido reemplazada satisfactoriamente. Asimismo, otras piezas fundamentales en la mitad de la cancha, como Edison Flores y André Carrillo, parecen haber agotado sus mejores años, complicando la inserción de nuevos valores en el esquema táctico del equipo.
La inestabilidad en el banquillo de suplentes también contribuyó negativamente al proceso. Tras el ciclo de Ricardo Gareca, quien durante siete años brindó estabilidad y llevó a Perú al Mundial 2018 y al repechaje del Mundial 2022 —donde el equipo cayó por penales ante Australia—, la selección entró en una etapa de turbulencias. En el transcurso de cuatro años, el cargo de entrenador fue ocupado por cuatro técnicos distintos: Juan Reynoso, Jorge Fossati, Óscar Ibáñez y Manuel Barreto.
En este contexto de incertidumbre, la responsabilidad de sembrar el recambio recae ahora en Mano Menezes. El técnico brasileño llega con una trayectoria limitada en el mando de selecciones nacionales; su experiencia en este ámbito se redujo a dos años, entre 2010 y 2012, cuando estuvo al frente de la Verdeamarela. Aquel periodo terminó con su despido tras una eliminación temprana en la Copa América 2011 y la derrota sufrida ante México en la final de los Juegos Olímpicos de 2012.
Entre el ocaso de una generación de élite y la constante rotación de entrenadores, la selección peruana no ha logrado encontrar estabilidad. El equipo parece no haber superado aún el trauma provocado por la eliminación en la repesca hacia Qatar 2022. Ahora, el fútbol peruano se enfrenta a la necesidad imperativa de volver a sembrar y reconstruir sus bases para aspirar a un futuro mejor y recuperar su brillo en el escenario mundialista.


