La tensión en Oriente Medio alcanza un punto crítico. Israel ha lanzado un ataque a gran escala contra objetivos militares en el centro y norte de Irán, ignorando la petición directa del presidente estadounidense, Donald Trump.
El detonante de esta nueva escalada fue un bombardeo israelí en el sur de Beirut que dejó dos muertos, rompiendo las condiciones del alto el fuego. En represalia, Irán lanzó oleadas de misiles balísticos contra el norte de Israel.
Ante este escenario, Donald Trump llamó al primer ministro Benjamín Netanyahu para pedirle que no contraatacara, con el objetivo de evitar que la situación entorpeciera un posible acuerdo entre Washington y Teherán. Trump afirmó que "Israel tuvo su bombardeo e Irán tuvo el suyo" y sugirió que ya era suficiente para volver a la mesa de negociaciones.
Sin embargo, el ejército israelí procedió con la ofensiva para desmantelar las capacidades de defensa aérea iraníes. Se han reportado explosiones en Teherán, Isfahán y Tabriz, además de daños parciales en el complejo petroquímico de Mahshahr. La Guardia Revolucionaria iraní ha respondido amenazando con atacar objetivos energéticos en la región si sus instalaciones industriales siguen siendo blanco de ataques.
El conflicto se expande regionalmente. Los hutíes en Yemen han prohibido totalmente la navegación marítima israelí en el mar Rojo y han lanzado misiles contra territorio israelí. Al mismo tiempo, Siria e Irak cerraron temporalmente sus espacios aéreos.
Actualmente, Israel se prepara para varios días de combates o una campaña prolongada. Aunque el ejército israelí afirma coordinar las labores de defensa aérea con Estados Unidos, ha subrayado que los ataques contra Irán fueron ejecutados únicamente por aviones israelíes.
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