Kiev ha sufrido uno de los ataques más devastadores desde el inicio de la invasión rusa. El presidente Volodimir Zelensky informó que al menos 13 personas murieron y más de 90 resultaron heridas tras una ofensiva masiva contra la capital ucraniana.
Durante la noche, Rusia lanzó más de 70 misiles, casi la mitad de ellos balísticos, junto a casi 500 drones de ataque. El golpe impactó en más de 20 puntos de la ciudad, afectando principalmente edificios residenciales, pero también una estación de ambulancias, un hotel y un instituto de investigación. El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, calificó el hecho como el ataque más masivo contra la capital y declaró el 3 de julio como día de luto.
Ante la magnitud del daño, Zelensky insistió en la urgencia de reforzar la defensa aérea, señalando que los suministros y los acuerdos bilaterales son críticos para salvar vidas. Específicamente, el mandatario reiteró la expectativa de que Estados Unidos autorice licencias para sistemas Patriot.
Por su parte, el Ministerio de Defensa de Rusia sostuvo que el objetivo fue estrictamente militar. Aseguran haber bombardeado plantas de producción de drones y sistemas de navegación, como Radioniks, ATLON AVIA y la planta aeronáutica Antonov, afirmando que estas instalaciones influyen en la capacidad de combate de Ucrania.
Como respuesta, la Unión Europea, a través de su representante Kaja Kallas, anunció que se propondrán nuevas sanciones contra entidades que apoyan el complejo militar-industrial ruso. Kallas aseguró que se seguirá aumentando el coste para Rusia hasta que entiendan que no pueden ganar la guerra.
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