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Los 4 músculos clave para garantizar la autonomía y la longevidad en la vejez

Un profesor de la Universidad de Duke advirtió que lo determinante para una vida sana incluye la fortaleza muscular. Explicó por qué es esencial comenzar a trabajarlos antes de los 50 años

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Los 4 músculos clave para garantizar la autonomía y la longevidad en la vejez
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El secreto de un envejecimiento saludable no radica solo en evitar enfermedades, sino en preservar la autonomía física. El profesor Paul Wischmeyer, de la Universidad de Duke, advierte que fortalecer cuatro grupos musculares clave glúteos, fuerza de agarre, pantorrillas y diafragma es decisivo para reducir el riesgo de caídas, hospitalizaciones y mortalidad prematura. Estos músculos actúan como indicadores críticos de salud general. Mientras que la fuerza de agarre puede predecir la supervivencia mejor que la presión arterial, los glúteos y pantorrillas evitan la fragilidad y la pérdida de independencia. Por su parte, un diafragma fuerte es esencial para la resistencia respiratoria y la recuperación ante infecciones. Para transformar la calidad de vida después de los 60 años, el experto recomienda iniciar rutinas sencillas y una dieta rica en proteínas antes de los 50. Ejercicios cotidianos como caminar, nadar o hacer sentadillas son suficientes para mantener la funcionalidad muscular y asegurar una vejez activa e independiente.

El concepto de envejecimiento saludable se ha convertido en una meta prioritaria para millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, alcanzar este estado no consiste únicamente en evitar la aparición de enfermedades crónicas, sino en un objetivo mucho más dinámico: preservar la funcionalidad física y la autonomía personal durante el mayor tiempo posible. Esta es la premisa defendida por el profesor Paul Wischmeyer, especialista de la Escuela de Medicina de la Universidad de Duke, quien ha puesto el foco en cuatro grupos musculares que, aunque frecuentemente son ignorados en las consultas médicas habituales, resultan decisivos para mantener la independencia y prolongar la vida.

A través de una exhaustiva revisión de estudios recientes y basándose en su amplia experiencia clínica, Wischmeyer sostiene que los glúteos, la fuerza de agarre, las pantorrillas y el diafragma deben ser prioridades de entrenamiento y cuidado a partir de la mediana edad. El especialista advierte que el deterioro prematuro o la debilidad en cualquiera de estas cuatro áreas no es un hecho menor, ya que multiplica significativamente el riesgo de sufrir caídas, desarrollar discapacidades, incrementar las hospitalizaciones y, en última instancia, provocar la pérdida de la autonomía del individuo.

Esta perspectiva científica encuentra un respaldo sólido en la evidencia empírica. Un estudio prospectivo publicado en JAMA Network Open en 2026 analizó a un grupo de más de 5.000 mujeres con edades comprendidas entre los 63 y los 99 años. Los resultados fueron contundentes: una mayor fuerza muscular, evaluada mediante la capacidad de agarre y la rapidez para levantarse de una silla, se asocia con un riesgo notablemente menor de mortalidad a medida que transcurren los años.

Uno de los puntos más relevantes del análisis de Wischmeyer es la revalorización de los glúteos. A menudo, estos músculos son percibidos únicamente desde una perspectiva estética, pero cumplen una función vital en la prevención de accidentes. Según un análisis publicado en la revista científica PLOS One, la fortaleza de los abductores de la cadera es fundamental para reducir el riesgo de caídas, que constituyen una de las amenazas más graves para las personas mayores de 65 años. Dado que las caídas son la causa principal de lesiones graves y la pérdida de independencia en la tercera edad, el fortalecimiento de esta zona es una medida preventiva esencial. Para lograrlo, el profesor Wischmeyer aclara que no es necesario recurrir a rutinas extremas ni pasar horas en el gimnasio; ejercicios sencillos y constantes como las sentadillas, las subidas de escalón o las caminatas con inclinación son suficientes para mejorar la capacidad de mantenerse erguido.

Por otro lado, la fuerza de agarre —la capacidad de apretar la mano— se ha consolidado como uno de los indicadores más fiables de la salud general y la esperanza de vida. El estudio PURE (Prospective Urban Rural Epidemiology), publicado en The Lancet y que rastreó a 140.000 adultos, reveló un dato alarmante: por cada cinco kilos de disminución en la fuerza de prensión, el riesgo de mortalidad aumenta en un 16 %. Sorprendentemente, este parámetro ha demostrado ser un predictor de supervivencia incluso más preciso que la presión arterial. La razón radica en que la fuerza de agarre actúa como un reflejo de la salud muscular global y la capacidad funcional del organismo, impactando la habilidad para realizar tareas cotidianas, la recuperación tras enfermedades y la tolerancia a intervenciones médicas.

En cuanto a las extremidades inferiores, Wischmeyer destaca las pantorrillas, específicamente los músculos gemelos y el sóleo, describiéndolos como una “reserva muscular oculta”. Investigaciones publicadas en Clinical Interventions in Aging indican que una circunferencia baja de la pantorrilla es un predictor certero de fragilidad, discapacidad y hospitalización en adultos mayores. Debido a que esta zona tiende a perder masa muscular antes que otras partes del cuerpo, su deterioro suele pasar inadvertido hasta que se presentan limitaciones funcionales severas. Para combatir esto, se recomienda el ciclismo, las caminatas y los ejercicios de puntillas.

Finalmente, el profesor hace hincapié en el diafragma. Aunque generalmente se le asigna solo la función respiratoria, este músculo es crucial para la capacidad de toser, la limpieza de los pulmones, la regulación del sistema nervioso autónomo y la resistencia ante infecciones o periodos de hospitalización. Según la revista Lung, el rendimiento de los músculos respiratorios puede disminuir hasta un 30 % en adultos sedentarios a lo largo de las décadas, afectando la reserva física mucho antes de que aparezcan síntomas. El fortalecimiento del diafragma puede lograrse mediante la natación, el canto y ejercicios de respiración profunda.

La conclusión del experto de la Universidad de Duke es clara: intervenir en estos cuatro pilares musculares antes de los 50 años puede transformar la calidad de vida después de los 60. El objetivo no es la búsqueda de un cuerpo atlético, sino la implementación de ejercicios sencillos y una dieta rica en proteínas que asegure la regeneración muscular y la funcionalidad a largo plazo.

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