¿Se miden las empresas solo por sus utilidades y crecimiento? En Colombia, el ecosistema de Empresas B está transformando las reglas del juego. Según el Reporte de Impacto Colectivo 2026, ya existen 133 compañías certificadas en el país, evaluadas bajo criterios de gobernanza, trabajadores, comunidad, medioambiente y cadena de suministro.
La sostenibilidad ha dejado de ser un simple elemento reputacional para integrarse en la operación diaria. En inversión social, estas empresas movilizaron más de 25.637 millones de pesos y reportaron aproximadamente 17.814 horas de voluntariado corporativo. Además, la totalidad de las compañías evaluadas cuenta con programas formales de ciudadanía corporativa.
En términos de gobernanza, el desempeño es sólido, alcanzando un 83,9%. El 99,2% ha blindado legalmente su misión de impacto y el 95,5% reporta su información financiera de manera transparente. También hay avances en diversidad: el 51,9% de estas empresas están lideradas por mujeres, aunque persiste una brecha importante, ya que solo el 3% es liderado por personas pertenecientes a minorías étnicas.
En el componente laboral, el 91,4% ajusta los salarios considerando el costo de vida, una práctica relevante frente a la inflación actual. Sin embargo, el camino presenta retos críticos. El medioambiente es el área más rezagada, con un desempeño del 44%. Solo el 47,4% monitorea sus emisiones de gases efecto invernadero y 65 empresas aún no registran dichas emisiones.
A esto se suma la dificultad en las cadenas de suministro, donde solo el 17,1% de las compañías cuenta con más de la mitad de sus proveedores certificados internacionalmente.
El sector privado colombiano enfrenta una transformación estructural. El compromiso social y ambiental ya no es una estrategia para sobresalir, sino una exigencia competitiva obligatoria para sobrevivir en los próximos años.
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