Colombia se prepara para una segunda vuelta presidencial el próximo 21 de junio, donde Iván Cepeda, senador del partido Pacto Histórico, se enfrentará al abogado de derecha Abelardo de la Espriella. En la primera vuelta electoral, Cepeda obtuvo un 41% de los apoyos, quedando ligeramente por debajo del 44% alcanzado por su rival. El candidato de 63 años busca dar continuidad a la senda progresista de izquierda iniciada por Gustavo Petro en 2022.
La trayectoria de Cepeda ha estado marcada por la tragedia y la búsqueda de justicia. El 9 de agosto de 1994, su padre, Manuel Cepeda Vargas, senador de la Unión Patriótica, fue asesinado a tiros en el suroeste de Bogotá. El crimen fue atribuido a paramilitares en colusión con agentes del Estado. Tras el suceso, un Iván Cepeda de 31 años hizo un alegato público contra la violencia política, solicitando al entonces presidente Ernesto Samper y a las autoridades judiciales acciones concretas contra la ofensiva dirigida a los dirigentes de izquierda para evitar que el crimen quedara impune.
A pesar de su actual posición política, pocos veían a Cepeda como un candidato presidencial hasta hace pocos meses. El propio senador negaba sus aspiraciones, dedicándose principalmente a la investigación del paramilitarismo, la negociación con guerrillas para alcanzar la paz y el trabajo con las víctimas del histórico conflicto armado en Colombia. Allegados lo describen como un hombre tranquilo, reflexivo y paciente, quien en su tiempo libre se dedica a la cerámica.
El giro hacia su candidatura ocurrió el 1 de agosto de 2025, cuando un juzgado de Bogotá condenó en primera instancia al expresidente Álvaro Uribe Vélez a 12 años de cárcel por fraude procesal y soborno en actuación penal. Cepeda participó en este juicio, que se extendió por más de 13 años, como víctima y testigo, buscando revelar los vínculos de Uribe con grupos paramilitares. Esta sentencia generó un volcado de la opinión pública a su favor, impulsándolo a través de redes sociales y peticiones de asociaciones de víctimas a lanzarse por la presidencia. Aunque el Tribunal Superior de Bogotá absolvió a Uribe el 21 de octubre, Cepeda interpuso un recurso de casación para continuar la disputa legal.
La formación de Cepeda se forjó entre el exilio y la educación internacional. Debido a amenazas por su ideología, vivió en Cuba y Checoslovaquia. Su madre, Yira Castro, fue una destacada política y periodista del Partido Comunista que falleció en 1981. A los 19 años, Cepeda se trasladó a Bulgaria, donde se graduó en filosofía. Su estancia en el bloque soviético lo influenció profundamente; según el escritor Federico Díaz-Granados, Cepeda es un "hijo de la perestroika", adoptando una visión reformista y moderna del socialismo que lo llevó a discrepar de la ortodoxia comunista de su padre.
Tras regresar a Colombia, fue testigo de los asesinatos de líderes de izquierda como Bernardo Jaramillo Ossa y José Antequera. Debido a que las amenazas persistieron mientras buscaba justicia para su padre, se exilió nuevamente entre 2000 y 2003 en Francia, donde realizó una maestría en Derecho Internacional Humanitario.
En el ámbito legislativo, fue elegido representante a la Cámara en 2010 y senador desde 2014. Ha sido una figura clave en los diálogos de paz con las Farc, que culminaron en la desmovilización de 2016, y ha participado en negociaciones con el ELN como parte de la estrategia de "paz total" del gobierno de Petro.
Su propuesta política se alinea con el manual petrista: reformas sociales, mayor intervención del Estado en la economía, diálogo con grupos armados y la transformación de las instituciones para combatir el clientelismo. Cepeda ha apoyado la convocatoria a una Asamblea Constituyente para reformar la Constitución, y se ha pronunciado contra decisiones del Consejo Nacional Electoral y el Banco de la República, lo que ha generado críticas sobre un presunto atentado a la separación de poderes.
Para el balotaje, Cepeda eligió como vicepresidenta a la senadora e indígena Aida Quilcué. Al igual que él, Quilcué es víctima de crímenes de Estado; su esposo, Edwin Legarda, fue asesinado por miembros del ejército en 2008. Esta fórmula busca representar a los sectores racialmente diversos y a las zonas olvidadas por el Estado.
A pesar de su apoyo, el candidato enfrenta críticas. Oponentes políticos lo califican como "más radical que Petro" y sugieren vínculos con guerrillas, acusaciones que no cuentan con pruebas concluyentes. Por otro lado, analistas como León Valencia señalan su falta de experiencia ejecutiva y de gestión pública como una desventaja. Asimismo, economistas expresan preocupación por la crisis fiscal de Colombia y el aumento del gasto público, sugiriendo que Cepeda deberá realizar ajustes económicos para tranquilizar al país.

