Una epidemia silenciosa está regresando a Europa y golpeando a la población más vulnerable: los recién nacidos.
Según el último Informe Epidemiológico del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades, los casos de sífilis congénita en la Unión Europea y el Espacio Económico Europeo han aumentado drásticamente. En 2024 se notificaron 140 casos confirmados, casi el doble que los 78 registrados el año anterior.
Esta infección es causada por la bacteria Treponema pallidum, transmitida de la madre al feto principalmente por vía transplacental. El riesgo es devastador: si la gestante no recibe tratamiento, entre el 70% y el 100% de los fetos se infectan, provocando abortos espontáneos y muertes fetales en hasta un tercio de los embarazos.
Aquellos bebés que logran nacer pueden enfrentar secuelas crónicas graves, como alteraciones neurológicas, sordera, daños hepáticos y la denominada "tibia en sable", una deformidad ósea que afecta la movilidad del niño.
El gran desafío es que la enfermedad es asintomática en sus fases iniciales. Comienza con una úlcera indolora que desaparece sola, dando una falsa sensación de cura mientras la bacteria se multiplica. Posteriormente, pueden aparecer manchas rosadas en las palmas de las manos y plantas de los pies.
A pesar de la gravedad, la solución es sencilla y segura: la penicilina. Este antibiótico es inocuo para la gestante y el feto, y es prácticamente infalible si se administra antes de la semana 28 de gestación.
Expertos de la SEIMC señalan que el repunte se vincula a una relajación de los hábitos sexuales y a fallos en la gestión prenatal de mujeres vulnerables. Por ello, reclaman blindar los protocolos de cribado y realizar retest en el tercer trimestre para salvar vidas.
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