¿Cuánto estás pagando por tu café? En el centro de Londres, un latte con leche vegetal puede costar ya casi 7 dólares. Pero este precio no es casualidad; es el reflejo de una economía global en tensión.
El café es hoy una ventana a problemas complejos. Primero, el clima: sequías y tifones en Vietnam, junto a fuertes heladas en Brasil, han elevado el precio de los granos robusta y arábica a máximos de varias décadas.
Segundo, la geopolítica. Aranceles comerciales en Estados Unidos, el caos en el transporte marítimo por los ataques hutíes en el Mar Rojo y las nuevas normas contra la deforestación de la Unión Europea han encarecido cada eslabón de la cadena de suministro.
Sin embargo, ocurre un fenómeno curioso: la demanda es inelástica. A pesar de los costos, la gente sigue comprando. Esto ha permitido la llamada "premiumización", donde las empresas transforman una bebida en una "experiencia" sofisticada para justificar precios más altos, especialmente con las bebidas frías que atraen a la Generación Z.
En los extremos del mercado, vemos respuestas opuestas. Por un lado, la cadena china Luckin Coffee utiliza datos masivos y aplicaciones para personalizar el consumo. Por otro, la británica Greggs apuesta por la automatización con máquinas suizas para mantener precios bajos.
Desde la especulación de los caficultores vietnamitas que almacenan sus granos esperando que el precio suba, hasta la sofisticación de las cafeterías modernas, todo converge en tu taza. La realidad es que el café ha dejado de ser un simple ritual matutino para convertirse en un activo financiero y cultural. Y lo más probable es que esos precios elevados hayan llegado para quedarse.
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