El mundo del arte contemporáneo se encuentra de luto tras confirmarse el fallecimiento de Julio Le Parc, uno de los referentes mundiales más destacados del arte óptico y cinético. El artista argentino murió este sábado a los 97 años en París, ciudad donde residía y desde la cual proyectó su obra hacia los rincones más importantes del planeta. Le Parc se consolidó como un pionero en la experimentación artística, utilizando la luz, el color y el movimiento como ejes centrales de su lenguaje creativo.
A pesar de que su estado de salud sufrió un deterioro rápido durante el último mes, el artista mantuvo un espíritu positivo hasta el final. Su hijo, Yamil, reveló que Julio Le Parc se mostraba muy ilusionado con un proyecto fundamental para su legado: la muestra retrospectiva de su obra que se inaugurará en la Tate Gallery de Londres el próximo 11 de junio, un evento que permitirá a los espectadores europeos volver a conectar con la profundidad de su propuesta visual.
La noticia generó una inmediata reacción en su país natal. El secretario de Cultura de Argentina, Leonardo Cifelli, expresó su dolor a través de las redes sociales, escribiendo: “Con profundo pesar despedimos a Julio Le Parc”. En su mensaje, Cifelli destacó que la obra del artista “transformó el arte contemporáneo”, describiéndolo como un símbolo fundamental de la creatividad argentina proyectada al mundo.
La trayectoria de Le Parc comenzó en un entorno humilde. Nació en 1928 en Palmira, provincia de Mendoza, siendo hijo de una costurera y un empleado de ferrocarril. Su destino dio un giro decisivo cuando se trasladó a Buenos Aires para continuar sus estudios, donde descubrió un universo artístico que lo cautivó permanentemente. Durante su etapa de formación, comenzó a combinar diversos trabajos para sostenerse mientras asistía a la escuela de Bellas Artes, periodo en el cual tuvo como profesor a Lucio Fontana, el fundador del Espacialismo, cuya influencia sería clave en sus primeros pasos.
En 1958, gracias a la obtención de una beca, Le Parc viajó a París, instalándose en la capital francesa. Poco después de su llegada, participó activamente en la fundación del Groupe de Recherche d’Art Visuel (G.R.A.V.), un colectivo artístico donde colaboró con figuras como el pintor argentino Hugo Demarco y el escultor español Francisco Sobrino. Este grupo fue el escenario de sus primeras experimentaciones sistemáticas con la luz, el color y el movimiento, elementos que se convertirían en los materiales creativos definitorios de toda su carrera. Gracias a este trabajo, Le Parc es hoy considerado, junto a los venezolanos Jesús Rafael Soto y Carlos Cruz-Diez, uno de los grandes maestros del op-art y del arte cinético en Latinoamérica.
Una de las claves fundamentales de su obra fue la voluntad de involucrar activamente al público en la experiencia artística. Para Le Parc, el espectador no era un ente pasivo, sino parte integrante de la obra. En una entrevista concedida a EL PAÍS el año pasado, el artista reflexionó sobre esta capacidad humana: “La gente en general tiene una gran capacidad para ver. Puede multiplicar su propia mirada, puede descubrir cosas mirando algo que está hecho, inventar o reinventar. Hay una multiplicidad de visiones”.
Esta creencia en la fuerza creadora del espectador estaba íntimamente ligada a una filosofía de optimismo, que el artista entendía como una herramienta de lucha. En 2025, desde su estudio a las afueras de París —un espacio colmado de móviles gigantes y pinturas geométricas de intensos rojos, amarillos, verdes y anaranjados—, Le Parc explicó que ser optimista era, en sí mismo, una forma de resistencia frente a una sociedad que en muchos aspectos resultaba opresiva. Afirmó que nunca le interesó representar el sufrimiento del obrero o el pobre, sino colaborar para que la sociedad permitiera que el hombre fuera partícipe tanto del arte como de su propia vida.
El reconocimiento internacional llegó temprano para Le Parc, alcanzando una cumbre en 1966 al obtener el Gran Premio Internacional de Pintura de la XXXIII Bienal de Venecia. No obstante, su prestigio se renovó y expandió en las últimas décadas con exposiciones monográficas en instituciones de élite como el Met Breuer y el Pérez Art Museum en Nueva York, así como en el Palais de Tokyo en París.
En Argentina, su reconocimiento masivo se potenció en 2019, año en que celebró sus 90 años con retrospectivas en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires y el Centro Cultural Kirchner (hoy Palacio Libertad). Aquel año, el público porteño y los turistas quedaron impactados por una intervención lumínica y musical sobre el Obelisco. Actualmente, su legado permanece visible en el espacio público: la popular Esfera azul recibe a quienes ingresan al Palacio Libertad y la obra El Sol ilumina el aeropuerto internacional de Ezeiza. Recientemente, en marzo de 2025, la galería Albarrán Bourdais exhibió dos de sus esferas en Madrid y lo representó en la feria ARCO. Finalmente, hace dos años, fue distinguido con el Gran Premio a la Trayectoria del Fondo Nacional de las Artes.

