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La derecha colombiana entre el trauma del pasado y la irrupción de un outsider

Tras gobernar el país de forma casi ininterrumpida durante décadas, el sector más tradicional quedaría afuera del balotaje - LA NACION

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La derecha colombiana entre el trauma del pasado y la irrupción de un outsider
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El asesinato de Miguel Uribe Turbay dejó un vacío de liderazgo que ha fragmentado a la derecha colombiana, sumida en una crisis de popularidad y un profundo cansancio ciudadano por la corrupción. Esta debilidad ha desplazado a figuras tradicionales como Paloma Valencia, quien hoy lucha por recuperar terreno en las encuestas. En este escenario emerge Abelardo de la Espriella, El Tigre, un outsider que capitaliza el descontento con un discurso de sentido común y mano dura. Al distanciarse de la clase política tradicional, De la Espriella ha logrado atraer al voto uribista y a los indecisos que buscan orden y seguridad. A pocos días de las elecciones, el sector se debate entre la estructura tecnocrática y el impulso patriota. El desafío final para la derecha es lograr una unión estratégica que permita consolidar un frente ganador y frenar la actual tendencia política del país.

En el parque El Golfito, ubicado en un sector de clase media en Bogotá, la calma cotidiana solo se ve interrumpida por el ruido de los aviones que operan en el aeropuerto internacional El Dorado. Sin embargo, para quienes transitan por sus esquinas, el entorno guarda la memoria de un evento violento ocurrido hace poco menos de un año. En el lugar donde hoy se erige un pequeño altar blanco con mensajes de paz y democracia, Miguel Uribe Turbay, quien fuera el principal candidato presidencial de la derecha colombiana, fue asesinado con seis disparos mientras pronunciaba un discurso de campaña.

La muerte de Uribe Turbay dejó un vacío significativo en el espectro político. En su momento, era percibido como la figura con mayor capacidad para unificar a los sectores tradicionales de la derecha, incluyendo al uribismo y a partidos heterodoxos del mismo sector. A pocas horas de las nuevas elecciones, la incertidumbre persiste sobre si su liderazgo habría sido capaz de evitar la fragmentación actual de un sector que gobernó el país casi sin interrupciones durante gran parte de la historia contemporánea de Colombia, y si podría haber frenado la caída de popularidad que atraviesa desde el año 2022.

El descontento ciudadano es palpable en las calles de la capital. Dinael González, un vendedor ambulante del barrio Modelia, expresa que la apatía de la gente nace del cansancio ante la corrupción y la impunidad que, a su juicio, caracterizaron a los gobiernos de derecha entre 2002 y 2022. Esta indignación se centra especialmente en la influencia del expresidente Álvaro Uribe Vélez, cuya huella política se extendió más allá de sus dos mandatos, impactando en la elección de los dos presidentes sucesores.

Desde una perspectiva técnica, Jamer Chica, consultor político de la Universidad de Caldas, señala que partidos como el Centro Democrático y el Partido Conservador han mantenido las mismas figuras en la toma de decisiones. Chica critica que, dentro del Centro Democrático, se han instrumentalizado y amañado encuestas en precampañas para imponer candidatos únicos, ignorando el voto mayoritario, un patrón que se habría repetido en 2018, 2022 y recientemente con la elección de Paloma Valencia.

En este contexto, Paloma Valencia, estrechamente ligada al uribismo, se encuentra en tercera posición en las encuestas, quedando rezagada entre 10 y 15 puntos porcentuales respecto a su competidor directo de derecha. Esta situación ha permitido la emergencia de una figura externa a la política tradicional: Abelardo de la Espriella, conocido como “El Tigre”. De la Espriella se presenta como un outsider que no sigue la lógica política convencional, basando su discurso en el "sentido común" y pilares como la familia, la propiedad, el trabajo, la fe y la seguridad.

A diferencia de otros países de la región, donde se ha registrado una ola de triunfos conservadores —como los casos de Daniel Noboa en Ecuador, Javier Milei en Argentina y Nayib Bukele en El Salvador—, la derecha colombiana ha tenido dificultades para consolidarse. Según Jamer Chica, De la Espriella ha logrado captar el voto uribista al enfocarse en el orden, la autoridad y los valores religiosos, además de proponer eficiencia estatal y mano dura contra el crimen organizado y la delincuencia común.

El eslogan de “los nunca y los de siempre” ha sido clave para que “El Tigre” atraiga a votantes indecisos y apáticos. Con esta frase, el candidato se distancia de la clase política tradicional, prometiendo que él y su equipo nunca han robado dinero público ni han hecho "politiquería".

La sensibilidad del electorado indeciso queda reflejada en testimonios como el de Viviana Agrario, empleada de un local comercial en la Zona T. Agrario manifiesta que, aunque no posee afiliación partidaria, su motivación para votar radica en evitar que candidatos como Cepeda lleguen al poder, citando la mala situación económica de los comerciantes durante el gobierno de Gustavo Petro.

Ante este panorama, a pocos días de los comicios, la derecha colombiana se divide entre la estructura tecnocrática de Paloma Valencia y el voto patriota que impulsa Abelardo de la Espriella. Diego Hernán Neira, representante regional de la derecha y candidato a la Alcaldía de Tunja, sostiene que el objetivo final es lograr la unión del sector para que, independientemente de quién pase a una segunda vuelta o balotaje, se puedan limar las asperezas de campaña y consolidar un frente ganador.

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