A pocas semanas del inicio de la Copa Mundial de la FIFA, la atención no solo se centra en el terreno de juego, sino también en una compleja operación de salud pública destinada a proteger a millones de visitantes y residentes en Estados Unidos, México y Canadá. La doctora Rebecca Katz, directora del Centro de Ciencia y Seguridad de la Salud Global de la Universidad de Georgetown, ha advertido que cualquier evento de reunión masiva conlleva riesgos sanitarios intrínsecos, y que el torneo de este año pondrá a prueba los manuales de planificación establecidos.
La escala de esta edición es única: será la competencia más grande de la historia, con 48 equipos participantes en lugar de 32, y se desarrollará simultáneamente en tres países. Esta magnitud complica la respuesta de salud pública, que depende de tres pilares fundamentales: comunicación clara, vigilancia rápida y coordinación eficiente. Según la doctora Katz, el evento ocurre en un momento crítico de reasignación de recursos sanitarios y en un contexto complejo debido a la relación de Estados Unidos con la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Entre las amenazas más agudas se encuentra el brote de ébola en Uganda y la República Democrática del Congo, calificado por la OMS como una “emergencia de salud pública de importancia internacional”. Para mitigar este riesgo, el Gobierno federal ha implementado protocolos estrictos en los aeropuertos. Los viajeros provenientes de la República Democrática del Congo, Uganda o Sudán del Sur deben aterrizar específicamente en Houston, Atlanta o el aeropuerto de Dulles para someterse a controles sanitarios. A pesar de esto, el Dr. Peter Hotez, del Baylor College of Medicine, señala que la probabilidad de propagación es baja, ya que el ébola no se transmite hasta que aparecen síntomas evidentes.
Sin embargo, los expertos coinciden en que los riesgos más probables no son las enfermedades raras, sino las comunes intensificadas por la multitud. El doctor Marcus Plescia, director de salud de la Junta de Salud del Condado de Fulton en Georgia, enfatiza la importancia de "esperar lo esperado". En este sentido, el sarampión se ha convertido en una preocupación prioritaria. El año 2025 fue récord en casos de sarampión en EE. UU., y la tendencia indica que la cifra podría duplicarse este año. Dado que Canadá y México también enfrentan brotes, el desplazamiento de aficiones entre ciudades podría facilitar la propagación de este virus altamente contagioso.
Otros riesgos infecciosos incluyen las infecciones de transmisión sexual y los arbovirus, como el dengue y la chikunguña. La doctora Katz advierte que, aunque los vectores de estas enfermedades ya existen en Estados Unidos, la llegada masiva de personas podría proporcionar la carga viral necesaria para sostener cadenas de transmisión más sustanciales.
Más allá de los patógenos, los factores ambientales representan un peligro tangible. La doctora Katelyn Jetelina, epidemióloga, advierte que las enfermedades relacionadas con el calor son el riesgo más confiable, debido a la combinación de temperaturas estivales, esfuerzo físico, alcohol y aglomeraciones. A esto se suman preocupaciones sobre la calidad del aire, la seguridad alimentaria y las sobredosis de drogas.
Para combatir estas amenazas, se ha desplegado un "escudo invisible" de vigilancia. En Dallas, el doctor Phil Huang ha implementado pruebas metagenómicas en las aguas residuales para detectar patógenos sin necesidad de identificarlos previamente. En Filadelfia, la comisionada de Salud, la doctora Palak Raval-Nelson, ha puesto en marcha un laboratorio móvil para realizar pruebas en el terreno y reducir los tiempos de respuesta.
A nivel coordinado, el Centro de Operaciones de Seguridad Sanitaria de la Universidad de Georgetown y MedStar Health distribuye informes diarios basados en datos de aguas residuales, historias clínicas desidentificadas y flujos de viajeros. Paralelamente, los CDC han desarrollado un panel de datos específico para el Mundial que permite identificar patrones inusuales en tiempo real.
En términos financieros, el Gobierno federal otorgó 625 millones de dólares a las ciudades anfitrionas a través de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA). Aunque la Organización Panamericana de la Salud (OPS) coordinará un centro operativo, la falta de integración total de EE. UU. en la OMS añade una capa de complejidad que los centros independientes, como el de la doctora Katz, intentan solventar mediante la coordinación directa con socios locales y federales.
Finalmente, expertos como Chrissie Juliano, de la Big Cities Health Coalition, y el doctor Ethan Booker subrayan que esta infraestructura de vigilancia no debe ser efímera. Instan a los responsables políticos a establecer un financiamiento coherente y persistente que permita mejorar la seguridad sanitaria de Estados Unidos más allá de la duración del torneo.


