En el ámbito de la gastronomía, es común que se propaguen creencias populares que, con el paso del tiempo, se aceptan como verdades absolutas a pesar de carecer de un sustento técnico. Uno de los casos más recurrentes es el relacionado con la manipulación de la cebolla, un ingrediente fundamental en casi todas las cocinas del mundo. Ante esta situación, el chef profesional Rubén Naranjo ha salido al frente para analizar y desmentir diversas ideas erróneas que afectan la manera en que las personas gestionan este alimento en sus hogares.
Uno de los mitos más persistentes y extendidos es la afirmación de que la cebolla, una vez cortada, se vuelve "venenosa" o comienza a absorber toxinas del ambiente que podrían perjudicar la salud de quien la consume. Esta creencia ha llevado a muchas personas a desechar el producto si ha permanecido expuesto por un tiempo prolongado. Sin embargo, el chef Naranjo fue enfático al derribar este mito, explicando que no existe tal toxicidad. Por el contrario, señaló que el líquido que la cebolla produce al ser cortada posee propiedades que son, más bien, antimicrobianas.
Según la explicación del experto, esta característica antimicrobiana implica que el líquido tiene la capacidad de eliminar las bacterias, contradiciendo totalmente la idea de que el vegetal se convierte en un foco de infección o en una sustancia nociva tras el corte. Esta aclaración es fundamental para evitar el desperdicio de alimentos basado en temores infundados.
En relación con la conservación de este ingrediente, el chef profesional brindó pautas claras para aprovechar los sobrantes de cebolla sin poner en riesgo la seguridad alimentaria. Naranjo aseguró que es perfectamente viable guardar las porciones que no se utilicen en el momento, siempre y cuando se sigan ciertas normas de higiene y almacenamiento. La recomendación técnica es colocar los sobrantes en un recipiente que esté debidamente tapado y mantenerlo bajo refrigeración. Bajo estas condiciones, el chef afirmó que la cebolla puede conservarse hasta por 7 días sin presentar problemas.
Otro de los puntos abordados por Rubén Naranjo fue la molesta reacción física que sufren la mayoría de las personas al picar cebolla: el lagrimeo. Para explicar este fenómeno, el chef recurrió a la naturaleza química del vegetal, aclarando que este efecto se debe a la presencia de "compuestos sulforosos". Estos compuestos, al ser liberados durante el corte, entran en contacto con la humedad natural del ojo, lo que desencadena una reacción defensiva del organismo que se manifiesta a través de las lágrimas.
Ante este problema, existen múltiples remedios caseros que se han transmitido generacionalmente. Desde poner agua en diversas partes, utilizar trozos de pan o incluso mascar chicle mientras se realiza la tarea, muchas personas han intentado mitigar el lagrimeo con estos métodos. No obstante, el chef Naranjo desmintió la eficacia de estas prácticas populares, asegurando que no tienen un respaldo real en la prevención de la reacción ocular.
Para finalizar, el especialista subrayó que existe una base científica para evitar el lagrimeo, alejándose de las supersticiones de cocina. Según Naranjo, "científicamente, lo único comprobado" para prevenir esta reacción es intervenir la temperatura de la cebolla antes de proceder al corte. El chef sugirió dos métodos efectivos: enfriar la cebolla en la refrigeración o, alternativamente, sumergirla en agua con hielo durante un periodo de 15 minutos antes de empezar a cortarla. Ambas técnicas permiten neutralizar la reacción de los compuestos sulforosos, garantizando una experiencia en la cocina mucho más cómoda y libre de irritaciones.


