¿Sabías que existe una enfermedad donde el sistema inmunitario ataca por error al propio cuerpo? Se trata del Lupus Eritematoso Sistémico, una patología autoinmune crónica y compleja que aún es poco conocida por gran parte de la sociedad.
En el lupus, las células B, que deberían protegernos, fabrican autoanticuerpos que atacan tejidos sanos. Esto provoca una inflamación crónica que puede afectar la piel, las articulaciones, el corazón, los pulmones y los riñones. Esta enfermedad afecta fundamentalmente a mujeres en edad fértil, debido a factores genéticos y a la capacidad de las hormonas para mediar respuestas inmunológicas.
Sus síntomas son muy variables, destacando la fatiga intensa, la fiebre y los cambios de peso. Debido a esta variabilidad, el diagnóstico puede retrasarse durante varios años.
Una de las complicaciones más graves es la nefritis lúpica, que ocurre cuando la enfermedad afecta a los riñones. Hasta un 40% de las personas con lupus desarrollan esta afección, la cual altera la capacidad del riñón para filtrar la sangre y eliminar residuos del organismo. Para detectarla, son fundamentales los análisis de sangre y orina que identifiquen la inflamación renal.
El control médico es crítico. Los especialistas comparan el lupus con un incendio: el tratamiento lo apaga, pero siempre queda un rescoldo oculto. Por ello, mantener la adhesión al tratamiento es vital para evitar brotes que generen nuevas lesiones.
Ante el duro impacto emocional y físico, organizaciones como FELUPUS, la Federación Española de Lupus, trabajan para brindar apoyo, información y visibilidad a los pacientes y sus familias.
Detectar el lupus y la nefritis lúpica de forma precoz es la clave para reducir el riesgo de daño irreversible en los órganos y mejorar la calidad de vida.
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