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El borrado de Maduro: Delcy Rodríguez lidera giro pragmático en Venezuela

El gobierno interino de Delcy Rodríguez en Venezuela aparta la figura de Nicolás Maduro y redefine las alianzas con Estados Unidos para asegurar su supervivencia política y económica.

El borrado de Maduro: Delcy Rodríguez lidera giro pragmático en Venezuela
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Venezuela vive un proceso de borrado sistemático de la imagen de Nicolás Maduro bajo la gestión de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez. Tras la captura del expresidente por Estados Unidos, el nuevo gobierno impulsa una ruptura con el pasado mediante reformas económicas favorables a Washington y la liberación de presos políticos, buscando la supervivencia del régimen. Este giro pragmático ha fracturado al chavismo, dividiendo a los sectores radicales que denuncian un protectorado estadounidense frente a quienes defienden la diplomacia. Expertos sugieren que el olvido de Maduro se acelerará si la economía mejora, consolidando una nueva identidad política tutelada por Estados Unidos.

Durante años, la presencia visual de Nicolás Maduro fue omnipresente en el territorio venezolano. Su rostro dominaba las pantallas de televisión, adornaba murales en las calles, aparecía en los carteles de las obras públicas en ejecución e incluso estaba presente en los juguetes distribuidos en los sectores más pobres del país. Sin embargo, meses después de su caída, el nuevo gobierno ha iniciado un proceso gradual pero sistemático para borrar su imagen del espacio público.

Este cambio de rumbo se ha hecho evidente bajo la gestión de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez. Para celebrar sus primeros 100 días de gestión en abril, el aparato propagandístico oficial adoptó el eslogan “El inicio de una nueva etapa”, una frase que sugiere una ruptura con el pasado inmediato. Este giro contrasta drásticamente con la atmósfera de los primeros días posteriores al 3 de enero, fecha en la que Maduro fue capturado por fuerzas estadounidenses junto a su esposa, Cilia Flores.

Ambos fueron trasladados a una prisión en Nueva York, donde enfrentan cargos por narcotráfico. En aquel momento, el clima político en Venezuela estaba marcado por la movilización; se instalaron enormes carteles en las autopistas con la imagen de la pareja y el mensaje “Los queremos de vuelta”, mientras se realizaban nutridas manifestaciones que clamaban por su liberación. Hoy, ese fervor ha disminuido: las marchas han cesado y la presidenta interina ha comenzado a pronunciar discursos donde el nombre de Maduro ya no es mencionado.

La actual administración de Delcy Rodríguez se muestra pragmática y opera bajo una fuerte presión de Washington. En este contexto, la mandataria se ha centrado en impulsar reformas significativas en los sectores de la minería y la explotación de hidrocarburos, diseñadas para resultar favorables a los intereses de Estados Unidos. Asimismo, Rodríguez ha promovido una amnistía destinada a la excarcelación de presos políticos, marcando una distancia clara con las políticas anteriores.

La desaparición de Maduro no es solo visual o retórica, sino también estructural. El expresidente se está esfumando del reparto del poder real en Venezuela. Como parte de este proceso, Rodríguez ha destituido a una parte considerable de los ministros que habían sido nombrados por su antecesor. Eduardo Valero Castro, profesor de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad Central de Venezuela, constata que el retiro de la figura de Maduro de los espacios públicos responde a una “nueva intencionalidad en la política venezolana”, alineada con los esquemas de alianzas continentales actuales entre Venezuela y Estados Unidos.

A pesar de estas acciones, Delcy Rodríguez ha defendido su postura públicamente. Ante las acusaciones de traición y de plegarse a los intereses estadounidenses, aseguró haber sido leal a Maduro “hasta el último segundo”. En abril, Rodríguez respondió a sus críticos afirmando que quienes la juzgan desde la “mezquindad” y la “irracionalidad” dicen cosas que resultan “irrelevantes frente a lo que corresponde defender a Venezuela”.

Este giro ha provocado fracturas internas en el chavismo, que durante décadas mantuvo una apariencia de unidad. Figuras del ala más radical han expresado su malestar. El exdiputado Mario Silva, en una reflexión pública y una carta abierta dirigida al ministro de Interior, Diosdado Cabello, calificó la situación actual como la conversión de Venezuela en un “vulgar protectorado de Estados Unidos”, sosteniendo que ninguna presión justifica la colaboración con un “agresor”.

Por su parte, Diosdado Cabello ha mantenido una postura distinta. Durante su programa televisivo “Con el mazo dando”, fue cuestionado por un invitado sobre la “débil campaña” para rescatar a Maduro, a lo que Cabello respondió que el objetivo principal sigue siendo que Nicolás y Cilia regresen al país.

En las bases, las opiniones están divididas. Militantes como Ana María Pino, de 64 años, han manifestado en marchas contra las sanciones estadounidenses que desean que se hable más de Maduro, sintiendo que no se le está tomando en cuenta. En cambio, Alquímedes Ríos, miembro de un consejo comunal, cree que la presidenta Rodríguez continúa negociando y dialogando para lograr el retorno del mandatario depuesto, admitiendo que, aunque quizá no se haya hecho lo suficiente, la lucha persiste. Juan García, un pescador de 21 años del estado Sucre, considera que Rodríguez enfrenta una situación compleja y que la diplomacia es el único camino viable, ya que “por las malas no lo vamos a traer” de vuelta.

Desde la perspectiva analítica, el politólogo Jesús Castillo-Molleda sostiene que Maduro ya no representa estabilidad para el chavismo. Según Castillo-Molleda, el partido de gobierno se ve obligado a aceptar la realidad de una presidencia tutelada por Estados Unidos para poder sobrevivir. El experto estima que, si la economía llega a mejorar bajo la gestión de Delcy Rodríguez, el olvido de Nicolás Maduro se acelerará. Mientras tanto, el chavismo intenta consolidar una nueva identidad bajo el eslogan: “Delcy, avanza, tú tienes mi confianza”.

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