La hipertensión arterial se ha consolidado como uno de los desafíos de salud pública más críticos en Panamá. Actualmente, esta condición representa uno de los principales factores de riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares graves, incluyendo los derrames cerebrales y los infartos de miocardio, los cuales se sitúan como las causas primordiales de fallecimiento en el país.
De acuerdo con las estimaciones proporcionadas por el Ministerio de Salud (Minsa), el 42% de la población adulta panameña padece de hipertensión. Esta cifra adquiere dimensiones aún más preocupantes en ciertas regiones del país, donde la prevalencia de la enfermedad puede elevarse hasta un 60%, especialmente en zonas con una alta concentración de población afrodescendiente. Ante este escenario, los especialistas médicos han intensificado sus llamados para reforzar las medidas de prevención, los controles médicos constantes y la adopción de hábitos saludables con el objetivo de reducir el impacto de esta patología.
Para poner estas cifras en perspectiva global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que la hipertensión afecta aproximadamente al 25% de la población adulta a nivel mundial, lo que sitúa a Panamá en una posición de vulnerabilidad significativamente mayor que el promedio internacional.
Desde el punto de vista médico, la tensión arterial se define como la fuerza que ejerce la sangre que circula contra las paredes de las arterias. Cuando esta tensión se mantiene en niveles excesivamente elevados, se diagnostica hipertensión. Para que un médico establezca formalmente este diagnóstico, es necesario realizar mediciones en dos días distintos; en ambas lecturas, la tensión sistólica debe ser superior o igual a 140 mmHg y la diastólica debe ser superior o igual a 90 mmHg.
El Dr. Daniel R. Pichel, cardiólogo de Hospiten Paitilla, ha advertido sobre la naturaleza peligrosa de esta condición, calificándola como el “asesino silencioso”. Esta denominación se debe a que la hipertensión puede desarrollarse sin presentar síntomas visibles para el paciente, mientras que, de manera interna y progresiva, causa daños severos en órganos vitales como el cerebro, el corazón, los ojos y los riñones.
En este sentido, el especialista enfatiza que la detección temprana es la herramienta más efectiva para salvar vidas. Realizar mediciones regulares de la presión arterial permite identificar alteraciones a tiempo. Si estas no se tratan, pueden derivar en complicaciones críticas como insuficiencia cardíaca, aneurismas, eventos cerebrovasculares o infartos. El Dr. Pichel señala que muchas personas conviven con la hipertensión sin saberlo, por lo que los controles periódicos son fundamentales para evitar consecuencias que deterioran gravemente la calidad de vida.
La recomendación médica general es que todos los adultos se sometan a un control de presión arterial al menos una vez al año. Sin embargo, para aquellas personas que cuentan con antecedentes familiares de la enfermedad o presentan otros factores de riesgo, la frecuencia de estos controles debe ser mayor. Asimismo, se sugiere que la evaluación de la presión arterial comience desde las etapas pediátricas como parte de los chequeos de salud rutinarios.
Existen diversos factores que incrementan el riesgo de desarrollar hipertensión y complicaciones cardiovasculares. Entre los más destacados se encuentran el tabaquismo, la diabetes, el colesterol elevado y la obesidad. Del mismo modo, el sedentarismo, el estrés crónico, la falta de sueño adecuado y una dieta rica en grasas saturadas y sodio juegan un papel determinante en el aumento de la presión arterial.
Aunque la enfermedad suele ser asintomática, existen señales de alerta que podrían indicar complicaciones cardiovasculares ya presentes. Los médicos sugieren prestar atención a síntomas como la falta de aire, el dolor en el pecho, las palpitaciones, los desmayos y la hinchazón de las piernas. Ante cualquiera de estas manifestaciones, es imperativo acudir a una evaluación médica integral.
Para combatir esta problemática, el Dr. Pichel destaca que un estilo de vida saludable es la clave. Una alimentación balanceada, compuesta por carnes blancas, granos integrales, frutas y verduras, y que sea baja en bebidas azucaradas, sal y grasas saturadas, es esencial. Además, se recomienda dormir entre 7 y 9 horas diarias, evitar el consumo de cigarrillos y reducir los niveles de estrés. Respecto a la actividad física, el experto aclara que no es indispensable practicar deportes competitivos, ya que mantenerse activo en las tareas cotidianas ya representa un beneficio significativo para la salud del corazón.
Finalmente, es crucial comprender que una hipertensión no controlada puede conducir a daños irreversibles en la salud, provocando muerte prematura y una reducción drástica en la calidad de vida del paciente.


