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Crisis salarial en Tucumán: más de 131.000 trabajadores necesitan un ingreso extra para sobrevivir

Un informe privado revela que el 87% considera insuficiente su salario. Siete de cada diez agotan sus ingresos en menos de dos semanas y el ahorro ya es una excepción en la vida cotidiana

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Crisis salarial en Tucumán: más de 131.000 trabajadores necesitan un ingreso extra para sobrevivir
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El empleo formal en Tucumán ya no garantiza la supervivencia. A pesar de una baja tasa de desocupación, más de 131 mil trabajadores deben buscar ingresos extra porque sus sueldos no cubren las necesidades básicas, evidenciando una caída drástica en el poder adquisitivo y la calidad de vida. La crisis es asfixiante: el 73 por ciento de los empleados ve cómo su salario desaparece en menos de dos semanas, destinando la mayor parte de sus recursos al alquiler y la alimentación. El ahorro se ha vuelto una utopía para el 90 por ciento de los encuestados, quienes recurren al endeudamiento solo para cubrir gastos cotidianos como el supermercado. Ante un panorama donde el crédito se usa para comer y la solidaridad familiar es la única red de contención, la demanda es unánime. El cien por ciento de los trabajadores exige aumentos salariales urgentes para revertir un estado de ahogo financiero que ignora cualquier indicador macroeconómico positivo.

La capacidad económica de los trabajadores en Tucumán ha entrado en una fase crítica donde el empleo formal ya no es garantía de estabilidad ni de cobertura de las necesidades básicas. En un escenario paradójico, mientras la desocupación en el Gran Tucumán se mantiene en niveles bajos, situándose en un 5,6%, la calidad de los ingresos ha caído drásticamente. Según datos recientes, más de 131.000 personas que cuentan con un empleo activo se ven obligadas a buscar fuentes de ingresos adicionales para poder sostenerse, evidenciando que el salario ya no cumple su función primordial de sustento.

Esta realidad encuentra un respaldo cuantitativo en un informe elaborado por el portal de empleo Bumeran, que arroja cifras alarmantes sobre el estado del bolsillo argentino. A nivel nacional, el 87% de los encuestados considera que su remuneración es insuficiente para cubrir los gastos básicos. La situación se ha agravado en el último periodo, reflejando una degradación del poder adquisitivo que impacta directamente en el consumo y la calidad de vida de los ciudadanos.

El deterioro es palpable al analizar la capacidad de compra. El 74% de los consultados afirma que su poder adquisitivo ha empeorado en los últimos meses, un incremento significativo en comparación con el 58% que manifestaba lo mismo en 2025. Esta tendencia demuestra que, a pesar de los discursos sobre una posible desaceleración de la inflación, el impacto real en el bolsillo del tucumano promedio no se ha traducido en una mejora económica.

Al respecto, Federico Barni, CEO de la compañía, explicó que la desaceleración de la inflación no conlleva automáticamente una mejora en el salario real. Barni señaló que, tras varios años de pérdidas acumuladas, los ingresos actuales se destinan íntegramente a cubrir gastos fijos, lo que anula cualquier posibilidad de ahorro, proyección a futuro o consumos recreativos.

El fenómeno de los "sueldos que duran un suspiro" es una de las revelaciones más crudas del estudio. El 73% de los trabajadores manifiesta que su salario le dura menos de dos semanas. El desglose de este grupo es desesperante: un 28% de los empleados destina la totalidad de su sueldo inmediatamente después de cobrarlo, utilizándolo para cancelar cuentas atrasadas o saldar deudas en el almacén del barrio. Por otro lado, el 21% logra estirar sus recursos hasta la segunda semana, mientras que un 15% admite que el dinero no le alcanza ni siquiera para cubrir los primeros siete días del mes. En el extremo opuesto, solo un 9% de los trabajadores consigue que su ingreso sea suficiente para cubrir todo el mes.

En cuanto a la distribución del gasto, el informe confirma que el dinero se consume en lo estrictamente indispensable. El alquiler se posiciona como la carga financiera más pesada para el 44% de los encuestados, una situación particularmente crítica en zonas como Barrio Norte o el Gran San Miguel, donde los costos habitacionales han escalado. La alimentación es el segundo gasto más relevante, afectando al 27% de los encuestados, seguida por el pago de deudas con un 16%.

El ahorro ha pasado a ser, en palabras del informe, una "utopía tucumana". El 90% de los trabajadores reconoce la imposibilidad de guardar dinero. Las razones son directas: la falta de excedentes salariales y la asfixia provocada por las deudas. Aquel pequeño grupo del 10% que logra ahorrar recurre a estrategias como el uso de billeteras virtuales como Mercado Pago, fondos comunes de inversión o la compra de dólares.

El endeudamiento se ha transformado en una herramienta de supervivencia. El 77% de los trabajadores afirma tener algún tipo de deuda, pero el propósito de estos créditos ha cambiado: ya no se solicitan para inversiones o bienes durables, sino para cubrir el supermercado o pagar facturas de servicios públicos como la luz.

A este complejo panorama se suma la red de solidaridad familiar característica del norte argentino. El 50% de los encuestados indica que brinda ayuda económica a familiares o allegados, estirando sus ya limitados ingresos para sostener a padres, hermanos desempleados o hijos que no logran independizarse financieramente.

El sentimiento generalizado es de urgencia. El 100% de los encuestados coincide en la necesidad inmediata de un aumento salarial. Ante la posibilidad de recibir un ingreso extra, casi la mitad de los trabajadores priorizaría el pago de sus deudas, confirmando el estado de ahogo financiero. El resto optaría por ahorrar o recuperar consumos postergados. El estudio, basado en una muestra de más de 6.400 casos, concluye que la realidad económica en las calles de Tucumán sigue siendo cuesta arriba, independientemente de los indicadores macroeconómicos.

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