La situación de los servicios de salud brindados por el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) ha vuelto a quedar en evidencia a través del desgarrador testimonio de Luis Mario Contreras Morales, un ciudadano de 84 años quien, mediante una carta, ha expuesto las graves carencias, las demoras excesivas y la falta de un trato digno hacia los adultos mayores que dependen de esta institución.
El relato de Contreras Morales no es solo una queja individual, sino que se suma a los reclamos colectivos de jubilados que enfrentan un sistema sanitario debilitado. El usuario describe la etapa de la ancianidad como un periodo complejo, marcado por penas y dolores, donde la vulnerabilidad se acentúa ante la ausencia de un soporte efectivo, tanto en el ámbito familiar como en el institucional. En su testimonio, resalta cómo muchos adultos mayores se vuelven invisibles para la sociedad y sus propios núcleos familiares tras haber dedicado su vida y esfuerzo al trabajo.
Uno de los puntos más críticos señalados en la denuncia es la gestión administrativa y política del IESS. El afectado afirma que los gobiernos de turno han pasado dejando únicamente promesas incumplidas respecto a un trato preferencial en las instituciones públicas y privadas. De manera tajante, Contreras Morales califica la administración del organismo como una "caja chica" manejada por diversos presidentes, calificando este hecho como un vejamen y un delito inexcusable, ya que, según su perspectiva, se está robando la esperanza de una atención médica digna a quienes trabajaron durante toda su vida para alcanzar el derecho a la jubilación.
La realidad operativa de los hospitales del IESS es descrita como un "espejismo cruel" que reduce la calidad de los pocos años de vida que les quedan a los ancianos. El testimonio enfatiza que, mientras las enfermedades catastróficas afectan los cuerpos y las almas de los pacientes, las autoridades mantienen una postura de indiferencia. A pesar del paso de decenas de directores del IESS, quienes llegaron cargados de ofrecimientos y promesas de mejora, la realidad en los centros de salud es la falta de insumos básicos. Esta carencia de materiales impide que los profesionales de la salud puedan realizar diagnósticos precisos y aplicar los tratamientos necesarios para combatir los males de los pacientes.
En cuanto a la operatividad diaria, el denunciante desmiente la existencia de un trato preferencial para los adultos mayores. Describe situaciones donde personas de la tercera edad deben permanecer de pie durante medio día solo para conseguir un turno de atención. Sin embargo, el proceso no termina ahí; una vez obtenido el turno, las citas médicas son programadas para tres o cuatro meses después. Para un paciente de 84 años con enfermedades crónicas, este tiempo de espera es inaceptable, pues, en sus propias palabras, "la muerte ya no espera".
Luis Mario Contreras Morales, quien padece enfermedades crónicas, relata que cada visita a estas casas de salud se convierte en una experiencia traumática. En lugar de encontrar alivio o soluciones a sus dolencias, afirma que regresa a su hogar con más dolor y con la esperanza perdida. El paciente llega a concluir que el propio hospital, lejos de ser un centro de sanación, parece aumentar su sufrimiento debido a la precariedad del sistema y la falta de empatía en el servicio.
Este testimonio pone de relieve la brecha existente entre las promesas gubernamentales de protección al adulto mayor y la realidad tangible en los hospitales del IESS, donde la indiferencia y la falta de recursos básicos comprometen la vida de los jubilados.


