La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado una emergencia de salud pública de importancia internacional debido a un brote de ébola que está afectando a la República Democrática del Congo (RDC) y a Uganda. El foco del brote se localiza en la provincia de Ituri, situada al noreste de la RDC, donde el pasado 15 de mayo las autoridades sanitarias confirmaron la presencia del virus Bundibugyo, una especie perteneciente al género ébola, tras el análisis de 13 muestras de sangre.
La situación epidemiológica es compleja y las cifras oficiales muestran una tendencia creciente. Hasta el 19 de mayo, los ministerios de Salud de ambos países habían notificado 536 casos presuntos, 105 probables, 34 confirmados y 134 muertes. Posteriormente, el Gobierno de la RDC actualizó sus datos elevando a 671 los casos sospechosos y a 160 las muertes sospechosas en la provincia de Ituri. De estos casos, se han confirmado mediante laboratorio 64 contagios (60 en Ituri y cuatro en Kivu Norte) y seis fallecimientos (cuatro en Ituri y dos en Kivu Norte).
No obstante, el microbiólogo Raúl Rivas González, profesor de la Universidad de Salamanca e investigador del Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Salamanca, advierte que estas cifras podrían no reflejar la magnitud real de la crisis. Según el experto, el número de casos y muertes es probablemente muy superior, ya que muchos no han sido notificados o se integrarán en las estadísticas en los próximos días.
Un factor determinante en la peligrosidad de este brote es la cepa implicada. El virus Bundibugyo difiere del ébola Zaire, que es la variante más conocida. En los únicos dos brotes anteriores de la cepa Bundibugyo, registrados en 2007 y 2012, la tasa de mortalidad se situó entre el 30% y el 50%. Rivas González destaca un problema crítico: las vacunas y los anticuerpos monoclonales actualmente autorizados están diseñados para combatir la cepa Zaire, por lo que para el Bundibugyo no existe ni vacuna ni tratamiento aprobado.
Esta diferencia biológica también explica el retraso en la detección del brote. El virus circuló durante varias semanas antes de su confirmación oficial debido a que los laboratorios, al buscar la cepa Zaire, obtuvieron falsos negativos. Actualmente, las autoridades sanitarias estudian el uso de anticuerpos monoclonales y el antiviral Remdesivir, aunque ninguno de ellos cuenta con aprobación específica para infecciones por Bundibugyo.
El contexto geográfico y social de la provincia de Ituri agrava la situación. La zona es conocida por la minería ilegal de oro, controlada por milicias y grupos armados. Esta realidad provoca que muchas muertes se oculten o que los enfermos no acudan a centros sanitarios por temor a que las autoridades cierren las minas. Además, existe un flujo migratorio constante a través de las fronteras y las milicias han obstaculizado la labor de los sanitarios. Rivas añade que la enfermedad puede confundirse inicialmente con la malaria, lo que ha aumentado la exposición de la población.
La expansión geográfica es la mayor preocupación del investigador salmantino, señalando que el riesgo es muy elevado no solo en el Congo, sino también en Ruanda, Uganda y Sudán del Sur. El brote ya afecta a once zonas sanitarias en Ituri y a la provincia de Nord-Kivu. Especial inquietud genera la llegada del virus a grandes urbes: Goma, con dos millones de habitantes, y Kampala, con cinco millones, ya han registrado casos, funcionando como nexos de unión con otras ciudades. En Kampala, se notificaron dos casos confirmados en 24 horas provenientes de la RDC.
A nivel internacional, el doctor Peter Stafford, un médico misionero estadounidense del Hospital Nyankunde de Ituri, dio positivo por la cepa Bundibugyo y fue evacuado al Hospital Universitario Charité en Alemania junto a seis personas con las que mantuvo contacto. A pesar de esto, el experto considera que el riesgo de que el brote se extienda a Europa es bajo, ya que, a diferencia de la covid o la gripe, el ébola no se transmite por aerosoles, sino a través de fluidos.
En España, se mantienen protocolos estrictos desde 2014, año en que se registró el único caso de contagio de ébola fuera de África en una enfermera del Hospital Carlos III. En Salamanca, el Hospital de Los Montalvos cuenta con un circuito aislado que incluye una entrada trasera para ambulancias, un ascensor reservado y habitaciones herméticas de aislamiento en la cuarta planta, con capacidad para diez camas. A comienzos de septiembre, 111 profesionales del centro habían recibido instrucciones específicas sobre el manejo de posibles casos.
Finalmente, los síntomas de la enfermedad incluyen fiebre, dolor de cabeza, vómitos, debilidad grave, dolor abdominal y hemorragias nasales, pudiendo derivar en fallo multiorgánico con hemorragias internas y externas en los casos más graves.


