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El regreso del monetarismo: Kevin Warsh propone rescatar las lecciones de Milton Friedman contra la inflación

Kevin Warsh pronto se convertirá en presidente de la Reserva Federal y con él, se producirá la vuelta de una serie de ideas que se creían superadas

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El regreso del monetarismo: Kevin Warsh propone rescatar las lecciones de Milton Friedman contra la inflación
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Kevin Warsh advierte que ignorar la relación entre la masa monetaria y los precios fue un error crítico de la Reserva Federal. Según el experto, la decisión de desestimar el monetarismo entre 2020 y 2021 permitió que la inflación se disparara hasta el 8 por ciento, afectando severamente a los sectores más vulnerables de la población. Para corregir el rumbo, Warsh propone un monetarismo práctico que combine el control de los tipos de interés con una reducción del balance de la Fed. Esta estrategia buscaría devolver la inflación al objetivo del 2 por ciento y democratizar la bajada de tipos, beneficiando a todos los ciudadanos y no solo a los dueños de activos financieros.

Kevin Warsh, quien se ha definido a sí mismo como un discípulo del célebre economista Milton Friedman, ha puesto sobre la mesa una reflexión profunda sobre la naturaleza de la inflación y la gestión de la política monetaria. Friedman, en 1963, estableció una premisa que se ha convertido en la piedra angular del monetarismo: la idea de que la inflación es, siempre y en todas partes, un fenómeno monetario. Según este principio, el aumento sostenido de los precios es la consecuencia directa de una expansión monetaria excesiva, lo que implica que, para reducir la inflación, es imperativo que circule menos dinero en la economía.

La vigencia de esta teoría se ha manifestado en diversas ocasiones. Un ejemplo claro se encuentra en el periodo comprendido entre 2020 y 2021, cuando el Congreso ejecutó gastos por billones de dólares. Si la Reserva Federal hubiera prestado la debida atención al rápido crecimiento monetario que acompañó estas erogaciones, habría tenido la oportunidad de elevar los tipos de interés en un momento más temprano. De haber sido así, el repunte inflacionario ocurrido tras la crisis del COVID-19 podría haberse mitigado o incluso evitado en su totalidad.

Sin embargo, la realidad actual muestra que los economistas, tanto los que forman parte de la Reserva Federal como los externos, han dejado de priorizar los indicadores de crecimiento monetario. Existe una falta de preocupación generalizada por el crecimiento de M2, que es la medida amplia de la oferta monetaria en la economía. Este indicador incluye activos de alta liquidez como el efectivo, cuentas corrientes, depósitos de ahorro, depósitos a plazo y fondos del mercado monetario. Aunque el monetarismo suele recuperar protagonismo durante periodos de rápido crecimiento de M2 y de los precios, la doctrina perdió adeptos a medida que la inflación descendió durante la década de 1980.

En una entrevista concedida el año pasado a la Hoover Institution, Warsh destacó un vacío alarmante en la gestión actual: ni siquiera el análisis más exhaustivo de las transcripciones de las reuniones de política monetaria de la Reserva Federal revela menciones al dinero como la causa principal de la inflación. La percepción predominante entre los responsables políticos y economistas es que el vínculo enfatizado por Friedman ya no es aplicable o que la economía ha evolucionado más allá de esa relación.

Esta postura fue ratificada por el expresidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, quien en una audiencia ante el Senado en febrero de 2021 afirmó que, si bien en el pasado los agregados monetarios parecían tener una relación con el crecimiento económico, en ese momento el crecimiento sustancial de M2 no tenía implicaciones importantes para las perspectivas económicas. Powell llegó a declarar que el monetarismo era algo que los responsables de la política económica "tenían que desaprender".

Las consecuencias de este "desaprendizaje" resultaron trágicas. Mientras Powell hacía estas declaraciones en 2021, la inflación —medida por las variaciones anuales del índice de precios de los gastos de consumo personal— se mantenía por debajo del 2 %. No obstante, la aceleración fue brusca y casi inmediata, alcanzando un pico cercano al 8 % en junio de 2022. Este fenómeno golpeó con mayor dureza a las personas pobres, quienes son siempre las más perjudicadas por la inflación.

Durante su reciente comparecencia ante el Senado, Warsh criticó la actitud de los economistas y políticos que ignoraron el dictado de Friedman. Para respaldar su argumento, citó al expresidente de la Reserva Federal Paul Volcker, quien subrayaba que el crecimiento monetario es un indicador útil para entender los efectos de la política monetaria sobre la inflación. Warsh, parafraseando a Volcker, señaló con ironía que "habría que tener un doctorado de una institución de élite para creer que la inflación no tiene nada que ver con el dinero".

A pesar de su defensa del vínculo entre el dinero y los precios, Warsh no aboga por la política de Friedman de mantener un crecimiento monetario fijo y estable. En su lugar, propone lo que se denomina "monetarismo práctico". Este enfoque actualiza las lecciones del pasado adaptándolas a las convenciones presentes, aceptando que la política monetaria debe elaborarse fijando los tipos de interés, tal como lo ha hecho la Reserva Federal desde la década de 1990.

Para Warsh, la prioridad absoluta debe ser devolver la inflación al objetivo del 2 % fijado por la Fed. Esta tarea se vuelve más compleja si se busca, simultáneamente, reducir el tamaño del balance de la Reserva Federal. La reducción del balance contrarrestaría la expansión generada por las rondas de flexibilización cuantitativa iniciadas tras las recesiones de 2008 y 2020. Warsh sostiene que, aunque la flexibilización cuantitativa es útil en emergencias, debe revertirse en tiempos normales para evitar interferencias indebidas en las políticas fiscales del Tesoro.

Finalmente, Warsh argumenta que el endurecimiento de la política mediante la reducción del balance permitiría bajar los tipos de interés en beneficio de todos los estadounidenses, y no solo de quienes poseen los activos financieros beneficiados por la expansión cuantitativa. Mientras que retirar fondos del sistema bancario desacelera el crecimiento monetario, reinyectar fondos para bajar los tipos lo aceleraría. Mediante el seguimiento de los indicadores monetarios, la Reserva Federal podría asegurar que la combinación de políticas sea coherente con un crecimiento saludable de los ingresos y el empleo, logrando un descenso gradual de la inflación.

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