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Lluvias amenazan a Coca Codo Sinclair y ponen en riesgo la estabilidad eléctrica de Ecuador

El país pasó de una época de estiaje a una húmeda que amenaza la operación de Coca Codo Sinclair. El fenómeno, según expertos, podría durar hasta octubre

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Lluvias amenazan a Coca Codo Sinclair y ponen en riesgo la estabilidad eléctrica de Ecuador
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Ecuador atraviesa una nueva crisis energética debido a que las intensas lluvias obligaron a la central Coca Codo Sinclair a reducir su capacidad operativa del 95 al 45 por ciento para evitar daños en sus turbinas. Esta caída provocó cortes eléctricos en varias provincias, evidenciando la fragilidad de un sistema que depende en un 80 por ciento de la generación hidroeléctrica. Expertos advierten que el país carece de un respaldo térmico suficiente, con un déficit de 1.200 megavatios que impide compensar fallas en las plantas principales. Esta vulnerabilidad se agrava con el daño estructural de un dique protector de 19 millones de dólares, afectado recientemente por las crecidas de los ríos amazónicos. Mientras el Gobierno niega un riesgo inminente de desabastecimiento, la amenaza de nuevos racionamientos persiste hasta octubre. La seguridad energética nacional permanece en estado crítico mientras se intenta mitigar el impacto mediante embalses compensadores y una vigilancia climática rigurosa.

Ecuador enfrenta una nueva etapa de vulnerabilidad en su sistema eléctrico nacional. Tras haber superado un periodo prolongado de estiaje durante el mes de abril de 2026, el país ha transitado hacia una época húmeda que, lejos de solucionar los problemas energéticos, ha comenzado a generar nuevas amenazas para la operatividad de la central hidroeléctrica Coca Codo Sinclair (CCS). Esta infraestructura es fundamental para el país, ya que es responsable de aportar hasta el 30 % de toda la oferta energética nacional.

La fragilidad del sistema quedó en evidencia el pasado jueves, cuando la central se vio obligada a reducir su capacidad operativa. Este ajuste fue la consecuencia directa de fuertes precipitaciones en la cuenca alta, las cuales provocaron una crecida considerable de los ríos amazónicos. Según explicó Mauricio Caicedo, gerente de la Unidad de Negocio de Coca Codo Sinclair, el caudal alcanzó niveles cercanos a los 3.000 metros cúbicos por segundo. Este incremento en el nivel del agua, y no necesariamente de sedimentos, obligó a la administración de la planta a suspender temporalmente las operaciones con el objetivo de evitar que el flujo hídrico causara daños críticos en las turbinas.

Las repercusiones de este incidente técnico no tardaron en trasladarse a los consumidores finales. Durante la tarde del jueves, el Operador Nacional de Electricidad (Cenace) anunció afectaciones temporales en el servicio eléctrico en diversas provincias del país. Estos cortes fueron atribuidos directamente a las condiciones adversas que enfrentaba la central hidroeléctrica, evidenciando que cualquier fluctuación en el funcionamiento de CCS tiene un impacto inmediato en el abastecimiento nacional.

Desde una perspectiva técnica, Ricardo Buitrón, consultor hidroeléctrico, sostiene que la ocurrencia de estos cortes pone de manifiesto que el sistema eléctrico nacional no contó con el respaldo suficiente de otras fuentes energéticas para compensar la caída de la central. Para respaldar esta afirmación, Buitrón analizó los datos del Cenace del pasado jueves, donde se revela que cerca del 80 % de la electricidad que abastecía al Ecuador provenía de fuentes hidroeléctricas, mientras que la generación térmica solo representó el 18,8 %.

La eficiencia de la central Coca Codo Sinclair sufrió una caída drástica en el tiempo. Mientras que el miércoles previo el aporte de la planta era del 30 % de la generación hidroeléctrica, para el jueves esa cifra descendió al 22 %, produciendo 11.064 megavatios-hora (MWh). En términos de capacidad operativa, la hidroeléctrica pasó de funcionar al 95 % de su capacidad el miércoles a operar apenas al 45 % el jueves por la noche.

A pesar de que el Gobierno asegura que no existe un riesgo inminente de desabastecimiento, los expertos mantienen una advertencia latente. Buitrón señala que el periodo húmedo y los caudales altos podrían prolongarse hasta octubre, lo que incrementa la probabilidad de que se repitan problemas operativos, especialmente si el país no logra disponer de energía de reemplazo. Aunque aclara que no se trataría de cortes masivos o prolongados, indica que las crecidas suelen tener periodos cortos, de entre 24 y 26 horas, tiempo durante el cual sería necesario detener la generación o realizar labores de limpieza de sedimentos frente a la obra de captación.

Por su parte, Marco Acuña, coordinador del Consejo Consultivo de Ingenierías y Economía, afirma que Ecuador aún no ha superado la crisis derivada de un déficit energético que, según cifras del Cenace, ronda los 1.100 megavatios. Acuña enfatiza que el sistema se mantiene en un estado de alta vulnerabilidad, donde cualquier imprevisto activa los racionamientos. Como punto crítico, menciona la deficiencia en la recuperación del parque térmico: de un total de 2.200 MW disponibles, se han recuperado menos de 1.000 MW, dejando un vacío de 1.200 MW que deberían actuar como respaldo cuando las hidroeléctricas fallan.

A los problemas operativos se suma un daño estructural. Una crecida inusual de los ríos Coca y Quijos el jueves pasado afectó un tramo del dique permeable diseñado para proteger a la central de la erosión regresiva. Esta obra, inaugurada hace apenas un mes con un costo aproximado de 19 millones de dólares, sufrió daños que han generado preocupación sobre su eficiencia. La Corporación Eléctrica del Ecuador (CELEC EP) informó que el daño ocurrió a 7,8 kilómetros aguas abajo y que no compromete la captación de la central, añadiendo que la infraestructura sigue bajo garantía contractual.

Finalmente, el gerente Mauricio Caicedo informó que, para mitigar los riesgos y dar tranquilidad a la ciudadanía, se ha decidido operar con la ayuda de un embalse compensador para incrementar la potencia. Si bien el viernes el aporte de CCS fue del 19 % sin que se reportaran nuevas suspensiones del servicio, la vigilancia sobre la infraestructura y el clima permanece como una prioridad crítica para la seguridad energética del país.

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