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Circulación y señalización: los problemas que afectan la movilidad en las calles de Montevideo

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Circulación y señalización: los problemas que afectan la movilidad en las calles de Montevideo
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El tránsito en Montevideo se ha vuelto insostenible debido a una infraestructura obsoleta que no soporta el crecimiento del parque automotor. La mala distribución de las sendas en calles de doble mano, donde el exceso de estacionamiento reduce la circulación a un solo carril, provoca embotellamientos constantes y maniobras peligrosas que afectan la convivencia vial. A este caos se suma la desaparición progresiva de la señalización en las calles comunes, especialmente en zonas como la Ciudad Vieja. La falta de carteles con los nombres de las vías dificulta la orientación urbana, completando un escenario de ineficiencia que impacta negativamente en la movilidad y el humor de los ciudadanos.

La situación del tránsito en Montevideo ha comenzado a generar un malestar generalizado entre quienes transitan la ciudad. Diversas razones contribuyen a este estado de ánimo, siendo una de las más críticas la configuración y el estado actual de la circulación vehicular en diversas arterias urbanas, específicamente en aquellas calles diseñadas como doble mano.

Uno de los problemas estructurales más evidentes radica en la distribución de las sendas en estas vías. Actualmente, existen calles de doble mano que cuentan con tres sendas en total: dos de ellas destinadas exclusivamente al estacionamiento de vehículos y una sola senda restante para la circulación en ambos sentidos. Esta distribución se ha vuelto insuficiente y problemática debido a que el parque automotor actual es evidentemente mucho más grande que el que existía hace algunos años.

El incremento en la cantidad de automóviles estacionados ha provocado que, en la práctica, una calle que debería permitir el flujo en dos direcciones termine convirtiéndose en una única senda estrecha para ambos sentidos de circulación. Esta saturación del espacio público genera situaciones de conflicto cotidiano entre los conductores.

Con frecuencia, se produce el escenario en el que dos automóviles se encuentran de frente en estos tramos reducidos. Ante la imposibilidad de circular simultáneamente, los conductores comienzan a realizar un tanteo visual, buscando desesperadamente algún espacio, como la entrada de un garaje, donde puedan introducirse momentáneamente para permitir que el otro vehículo pueda pasar.

Cuando no se encuentra un espacio disponible para realizar esta maniobra de ceder el paso, la solución es más compleja y tediosa. Uno de los dos conductores se ve obligado a dar marcha atrás, retrocediendo por la calle hasta encontrar un punto con el ancho suficiente para que el otro vehículo pueda completar su trayecto. Este proceso no solo ralentiza el flujo vehicular, sino que incrementa la tensión entre los usuarios de la vía.

Aún más complicada es la situación cuando un conductor, mientras circula por una calle, realiza el giro para ingresar en una vía perpendicular. En muchos casos, al efectuar el giro, se encuentra inmediatamente con otro automóvil que llega en sentido contrario. En esta circunstancia, la maniobra requerida es considerablemente más difícil: el conductor debe realizar una marcha atrás que incluya una curva para regresar a la primera calle desde la cual venía.

Para ejecutar estas maniobras de emergencia, los conductores recurren al encendido de las balizas y a una marcha extremadamente lenta. Esto se debe a que, dada la angulación y la naturaleza de la maniobra de retroceso con curva, el espejo retrovisor deja de ser una herramienta útil para garantizar la seguridad del movimiento, obligando al conductor a extremar las precauciones.

Sumado a los problemas de espacio y flujo vehicular, existe otra problemática que afecta la navegación urbana en la capital: la desaparición de la señalización vial. Se ha observado que en las esquinas de las calles comunes ha dejado de implementarse la colocación de carteles con los nombres de las vías, y aquellos que ya existían no han sido repuestos.

Esta carencia de señalización parece afectar principalmente a las calles comunes, ya que en las avenidas los carteles con los nombres de las calles parecen mantenerse. Sin embargo, en el resto de la trama urbana, los nombres de las vías han ido desapareciendo progresivamente, y muy pocas calles conservan hoy en día su identificación correspondiente.

Un ejemplo crítico de esta falta de señalización se encuentra en la zona de la Ciudad Vieja. Específicamente, al recorrer la calle 25 de Mayo, se puede constatar la escasez de carteles que indiquen los nombres de las calles que cruzan dicha arteria, lo que dificulta la orientación de quienes circulan por el sector.

En conjunto, la combinación de un parque automotor creciente, una infraestructura de sendas insuficiente para la demanda actual y una señalización urbana deficiente en las calles comunes, configuran el escenario que impacta negativamente en la circulación y el humor de los ciudadanos en Montevideo.

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