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El sentimiento del consumidor en EE. UU. cae a un mínimo histórico por la inflación y la crisis del petróleo

Los estadounidenses simplemente detestan esta economía.

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El sentimiento del consumidor en EE. UU. cae a un mínimo histórico por la inflación y la crisis del petróleo
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El sentimiento del consumidor en Estados Unidos ha caído a un mínimo histórico de 44,2 puntos, superando el pesimismo de crisis previas como la Gran Recesión o la pandemia. Este desplome es impulsado por el alza de los precios de la gasolina y la inestabilidad geopolítica en Irán, que ha provocado el bloqueo del estrecho de Ormuz y una crisis energética inmediata. La preocupación por el costo de vida afecta principalmente a los sectores de bajos ingresos, elevando las expectativas de inflación a largo plazo. Esta tendencia alerta a la Reserva Federal ante el riesgo de un ciclo inflacionario persistente, donde el temor a futuros aumentos de precios impulse una espiral de salarios y costos más elevados. Existe una brecha crítica entre los indicadores macroeconómicos y la realidad ciudadana. Mientras la bolsa alcanza máximos históricos, el consumidor promedio lucha por sobrevivir, ya que la riqueza bursátil se encuentra inmovilizada en fondos de jubilación y no alivia el impacto diario de la inflación.

El clima económico en Estados Unidos ha alcanzado un punto crítico. Según los datos más recientes de la encuesta de la Universidad de Michigan, un indicador fundamental para medir el sentimiento del consumidor ha caído a un nuevo mínimo histórico durante el mes de mayo, reflejando un profundo malestar generalizado entre la población estadounidense respecto a su situación financiera actual.

El índice de sentimiento del consumidor registró un descenso por tercer mes consecutivo, situándose en los 44,2 puntos. Esta cifra no solo representa una caída respecto al mes anterior, sino que se posiciona por debajo del mínimo histórico previo, que era de 49,8 puntos registrado en abril. Este desplome subraya una tendencia negativa que parece acelerarse en el corto plazo.

Diversos factores geopolíticos y económicos han convergido para deteriorar la percepción del ciudadano común. La guerra de Estados Unidos e Israel en Irán ha tenido un impacto directo en los mercados energéticos, provocando una escasez de suministro de petróleo y bruscas fluctuaciones en los precios. Este escenario se ha visto agravado por el hecho de que el estrecho de Ormuz, una ruta marítima vital para el transporte de petróleo y otros bienes esenciales, ha permanecido prácticamente bloqueado durante casi tres meses. Como consecuencia directa, los precios de la gasolina en el país se están acercando a máximos históricos.

Joanne Hsu, directora del programa de Encuestas a Consumidores de la Universidad de Michigan, señaló que el costo de la vida se mantiene como la preocupación primordial de los ciudadanos. Según el informe, el 57 % de los consumidores mencionó espontáneamente que los precios elevados están erosionando sus finanzas personales, un incremento notable frente al 50 % registrado el mes anterior. Además, se reportó que las finanzas personales de los encuestados sufrieron un retroceso del 13 % durante el mes de mayo.

La gravedad de la situación actual se hace evidente al analizar la perspectiva histórica de la encuesta, que se remonta a 1952. Los datos indican que los estadounidenses se sienten actualmente peor que en periodos de crisis extremas, tales como las guerras pasadas, la crisis del petróleo de los años 70, los atentados del 11 de septiembre, la Gran Recesión, la pandemia de covid-19 y el posterior repunte inflacionario.

El impacto de esta crisis no es uniforme. Hsu destacó que las caídas más pronunciadas en el sentimiento se concentran entre los consumidores de bajos ingresos y aquellos que no poseen un título universitario. Estos grupos son los más vulnerables ante el aumento del costo del combustible y de otros productos básicos, ya que representan una porción mayor de sus gastos mensuales.

La preocupación se extiende también hacia el futuro. Los consumidores temen que los altos precios del petróleo y la gasolina se propaguen por el resto de la economía, encareciendo aún más otros bienes y servicios. Las expectativas de inflación para el próximo año subieron ligeramente del 4,7 % en abril al 4,8 %, mientras que la tasa de inflación prevista a cinco años dio un salto significativo, pasando del 3,5 % al 3,9 %. Estas cifras regresan a niveles similares a los del final del año pasado, cuando los aranceles intensificaron las presiones inflacionarias.

En cuanto a la distribución política de estas expectativas, se observó que los independientes y los republicanos registraron los mayores aumentos en sus previsiones de inflación a largo plazo. En el caso de los republicanos, las expectativas mensuales superan actualmente en más del doble la cifra registrada en febrero de 2025.

Esta situación pone en alerta a la Reserva Federal, que monitorea estrechamente estas expectativas. Existe el riesgo de que, si la población cree que los precios seguirán subiendo, aumente el gasto inmediato y se exijan salarios más altos, lo que llevaría a las empresas a subir los precios para absorber dichos costos, alimentando un ciclo inflacionario.

Finalmente, existe una desconexión evidente entre los indicadores macroeconómicos y la realidad del consumidor. Mientras el mercado bursátil alcanza máximos históricos y algunos datos muestran una economía resiliente, el ciudadano promedio lucha por sobrevivir. Christopher Rupkey, economista jefe de FwdBonds, explicó que los reembolsos de impuestos ya se habrían agotado o destinado a cubrir los precios elevados. Según Rupkey, los máximos de la bolsa no ayudan al ánimo del consumidor porque la mayoría tiene sus fondos inmovilizados en cuentas de jubilación 401(k), dinero al que no pueden acceder para aliviar su situación financiera presente.

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