¿Puede una marca basada en la ética ser absorbida por el gigante de la moda rápida?
Se reporta que Everlane, el minorista conocido por su "transparencia radical" y sostenibilidad, estaría en proceso de ser adquirido por Shein en un acuerdo de 100 millones de dólares, destinado a saldar una deuda de 90 millones. Aunque las partes involucradas no han confirmado la venta, la noticia ha generado desconcierto entre sus clientes.
El contraste es profundo. Everlane se posicionó como una alternativa asequible y consciente, calificada como "buena" en sostenibilidad por el grupo Good on You. Por el contrario, Shein ha sido señalada por condiciones laborales inseguras, robo de diseños y casos de trabajo infantil, siendo calificada como una marca a evitar.
Para expertos como Shawn Grain Carter, del Fashion Institute of Technology, esta adquisición es la antítesis de la sostenibilidad y representa una traición a los valores del consumidor. Sin embargo, Everlane ya enfrentaba críticas previas por acusaciones de racismo, despidos tras intentos de sindicalización y "greenwashing" al no cumplir sus metas ambientales.
Analistas advierten que Shein podría utilizar esta compra como una oportunidad para intentar mejorar su reputación. Mientras tanto, el sector de la moda sostenible sufre una crisis de confianza, reforzando la idea de que incluso las mejores opciones pueden doblegarse ante el sistema.
El caso de Everlane plantea un dilema crítico: la dificultad de mantener estándares éticos frente a las presiones de crecimiento financiero y estrategias de salida de inversión. Para muchos compradores, esto marca el fin de un tipo de capitalismo compasivo en la industria textil.
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