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La "brugarización" de la CDMX: El debate sobre el color morado en el espacio público

El avance del color morado en el espacio urbano de la Ciudad de México abrió un debate que va mucho más allá de la estética

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La "brugarización" de la CDMX: El debate sobre el color morado en el espacio público

La rehabilitación de diversos espacios públicos en la Ciudad de México, llevada a cabo como preparación previa al Mundial de Fútbol, ha dado lugar a la aparición de un nuevo concepto que ha comenzado a circular ampliamente entre los capitalinos: la “brugarización”. Este término hace referencia al avance predominante del color morado en elementos clave de la infraestructura urbana, incluyendo puentes, estaciones, bardas y mobiliario urbano, lo que ha desencadenado un debate que trasciende la simple cuestión estética.

Desde la perspectiva del gobierno capitalino, encabezado por Clara Brugada, el uso de esta identidad visual es defendido como un símbolo directamente ligado a las luchas feministas y a un proceso de transformación urbana. Sin embargo, esta postura contrasta con las opiniones de colectivos, especialistas en psicología ambiental y expertos en sociología urbana, quienes explican que una parte considerable de la población experimenta sentimientos de rechazo, saturación e incluso molestia ante este cambio cromático.

Esta discusión ha crecido de manera paralela a otro fenómeno denominado “ajolotización” de los espacios públicos, sumándose al uso masivo del morado en la infraestructura de la capital. Para comprender este rechazo, diversos estudios académicos señalan que las ciudades no deben entenderse únicamente como escenarios físicos. En particular, las investigaciones de Sergi Valera en su obra "Public Space and Social Identity" concluyen que los ciudadanos desarrollan un apego emocional hacia ciertos códigos urbanos que se mantienen estables en el tiempo. Por lo tanto, cuando estos códigos cambian de forma acelerada, surge una resistencia cultural.

Bajo esta premisa, una modificación visual abrupta en el entorno puede provocar lo que se describe como una sensación de ruptura simbólica. Los expertos sugieren que el rechazo no nace necesariamente del color morado en sí mismo, sino de la percepción de los habitantes de que su entorno cotidiano ha dejado de representarlos.

A esto se suma el análisis de especialistas en psicología del color. Si bien el morado o violeta suele asociarse con conceptos como la introspección, la sofisticación o la calma, existen estudios de percepción cromática que advierten sobre los riesgos de su uso masivo. En entornos urbanos complejos, el exceso de un mismo tono puede producir fatiga visual y generar sensaciones de distancia, frialdad o saturación sensorial en los usuarios del espacio público.

Desde la sociología urbana, se plantea que en México los colores suelen estar fuertemente asociados con partidos políticos, gobiernos o movimientos sociales. Por esta razón, algunos académicos sostienen que el predominio de un color institucional en el espacio público puede ser interpretado como una forma de apropiación visual del territorio. El urbanista Fernando Carrión, autor de "El espacio público como relación, no como espacio", advierte que cuando la ciudadanía percibe que su entorno urbano es utilizado como una herramienta de propaganda, se genera desconfianza y un desgaste simbólico.

El debate también incluye una dimensión estrictamente técnica relacionada con la movilidad urbana. Los manuales de movilidad suelen emplear colores específicos para garantizar la orientación, el contraste y la legibilidad. Tonos como el azul, el verde o el amarillo son preferidos por su claridad visual. En contraste, el morado es menos frecuente en la infraestructura urbana, ya que algunos estudios lo vinculan con una vibración visual bajo ciertas condiciones de luz exterior, lo que podría afectar la percepción.

Finalmente, existen sectores críticos que consideran que el énfasis en la pintura, la imagen institucional y el rediseño visual ocurre mientras persisten problemas estructurales urgentes. Entre estos puntos pendientes se encuentran las fallas en el sistema de transporte, la inseguridad y el deterioro general de los servicios públicos.

Este fenómeno ha sido analizado a través de estudios como “Identidad y espacio público. Ampliando ámbitos y prácticas”, “El espacio público como relación, no como espacio” y “Las identidades plurales y el espacio público”. En conjunto, la polémica sobre el morado en la Ciudad de México se ha convertido en un caso de estudio sobre la identidad colectiva, la apropiación simbólica y la percepción emocional del espacio compartido.

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