En el marco de sus responsabilidades legales y técnicas respecto al abastecimiento de Gas Licuado de Petróleo (GLP), la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) ha puesto en marcha una serie de operativos de supervisión técnica exhaustivos en diversas plantas de engarrafado ubicadas en el departamento de Santa Cruz. Estas acciones forman parte de la estrategia de control regulatorio que la institución implementa para asegurar que el combustible llegue al consumidor final en recipientes que cumplan con todas las normativas de seguridad vigentes.
Una de las intervenciones más destacadas fue llevada a cabo por el personal técnico adscrito a la Dirección Distrital Santa Cruz de la ANH, quienes se trasladaron específicamente al municipio de Montero. El objetivo de este despliegue fue la inspección detallada de la planta privada de engarrafado denominada Cruceña del Norte. Durante la visita, los técnicos se centraron en supervisar visualmente el proceso de inutilización de garrafas, una etapa crítica en la gestión de los cilindros de gas. Este procedimiento es fundamental, ya que permite retirar de la circulación aquellos cilindros que, debido al uso prolongado o a factores externos, presentan un deterioro avanzado o dejan de cumplir con los parámetros técnicos obligatorios establecidos en la normativa sectorial.
Las verificaciones técnicas en la planta de Montero no son eventos aislados, sino que se desarrollan de manera periódica y siguiendo protocolos técnicos estrictos. El propósito central de estas evaluaciones es analizar minuciosamente las condiciones de seguridad de cada garrafa antes de que sean redistribuidas. Entre los criterios técnicos observados por los especialistas de la ANH se encuentran la detección de daños estructurales en el cuerpo del cilindro, así como la identificación de fallas críticas en los mecanismos de apertura y cierre de las válvulas. Estos componentes son esenciales para prevenir fugas de gas que podrían derivar en incidentes peligrosos para el usuario y el entorno.
Cuando un cilindro es identificado con alguna de estas observaciones técnicas, es inmediatamente clasificado bajo la categoría de inutilizable. Una vez confirmada esta condición, la normativa exige que la garrafa sea sometida a un proceso de aplastamiento físico, lo cual garantiza que el recipiente no pueda ser reutilizado ilegalmente ni vuelva a ingresar al circuito de comercialización. Tras este proceso de destrucción, los restos del material son destinados a su disposición final como chatarra, cerrando así el ciclo de vida del producto de manera segura.
Simultáneamente a las labores realizadas en Montero, la Dirección Distrital Santa Cruz de la ANH extendió sus operaciones de control hacia otras zonas estratégicas. En este sentido, profesionales de la institución realizaron inspecciones técnicas en la planta de engarrafado de San José de Chiquitos, la cual es operada por Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB). En esta instalación, el enfoque de la supervisión se centró en verificar el estado actual del abastecimiento de GLP, asegurando que los niveles de suministro sean los adecuados para cubrir la demanda de la región. Además, se efectuaron evaluaciones sobre el estado físico de las garrafas, analizando sus condiciones operativas y los protocolos de almacenamiento implementados en la planta.
Todas estas actividades de supervisión y control están plenamente respaldadas por las atribuciones otorgadas a la ANH mediante la normativa vigente. La finalidad última de estas intervenciones es minimizar los riesgos asociados al uso de garrafas de GLP, protegiendo la integridad física de los usuarios finales. Al mantener estándares rigurosos de seguridad y calidad en todo el sistema de distribución y comercialización de este combustible, la Agencia Nacional de Hidrocarburos busca evitar accidentes y optimizar la eficiencia del servicio de energía en el departamento de Santa Cruz. Con estas acciones, la entidad reafirma su compromiso con la vigilancia técnica constante de la infraestructura de engarrafado, tanto pública como privada, para asegurar que cada cilindro que llegue al hogar boliviano sea seguro y apto para su uso.


