El periodismo dominicano se encuentra de luto tras la partida de Franklyn Polanco, una figura cuya trayectoria dejó una huella profunda y recuerdos imborrables en el gremio comunicacional del país. Polanco, quien se desempeñó durante más de cuatro décadas como una pieza angular en la relación entre la misión diplomática de los Estados Unidos y la prensa local, es recordado no solo por su eficiencia profesional, sino por una calidad humana excepcional.
Durante su gestión como director de Información del Servicio de Información de los Estados Unidos (USIS), Polanco transformó su despacho en un centro neurálgico de comunicación. Su oficina fue descrita como una suerte de "Oficina Oval" para los periodistas, convirtiéndose en el punto de encuentro donde se gestionaba y suministraba la información relativa a las providencias y decisiones emanadas desde Washington. Para los comunicadores que accedían a su círculo de soluciones, Franklyn Polanco representaba la vía más directa y efectiva para obtener datos precisos sobre el accionar del gobierno estadounidense.
La personalidad de Polanco estaba marcada por una imperturbable calma, atribuida a su genética materna asiática. Esta serenidad, comparada con la de un bonzo budista, definía su manera de interactuar con los demás. En su oficina, era habitual encontrar su radio Transoceanic Zenith permanentemente sintonizada en La Voz de América, cuyo sonido mantenido en un tono bajo permitía que las conversaciones fluyeran sin interrupciones. En esos encuentros, Polanco no solo proveía información, sino que entablaba diálogos fructíferos sobre los temas actuales tanto de su país como de la República Dominicana, logrando que quienes lo visitaban salieran siempre nutridos de conocimientos.
Su gestión coincidió con lo que se ha calificado como la época dorada de la comunicación de la USIS. En aquel periodo, la fluidez de la información proveniente del Potomac era tal que repercutía de manera inmediata y efectiva en los diarios, la radio y la televisión dominicana. Sin embargo, este canal de comunicación, descrito como un "Gran Turn Pike", comenzó a decrecer hasta desaparecer tras la disolución de la USIS bajo la presidencia de Donald Trump, un hecho percibido como una falla estratégica que terminó por extinguir el rol comunicacional que la institución ejercía con la prensa dominicana.
Más allá de la gestión de noticias, Franklyn Polanco era reconocido por su capacidad para facilitar procesos administrativos complejos. Los periodistas recuerdan con gratitud la facilidad con la que podían acudir a su despacho para renovar sus visas, un trámite que Polanco gestionaba sin exigir requisitos exhaustivos ni papeleos complicados. Con su característica calma, solía invitar a los solicitantes a regresar un par de días después para compartir un café, momento en el cual ya les entregaba el pasaporte con la visa debidamente renovada.
La influencia de Polanco se extendió durante más de cuarenta años, fungiendo como el hilo conductor entre la embajada de Estados Unidos y la sociedad dominicana. Su dominio de los senderos sociales y políticos lo convirtió en el guía indispensable para embajadores, cónsules, encargados de negocios y otros funcionarios de alto relieve de la misión diplomática norteamericana. Polanco era la persona designada para establecer los primeros contactos con aquellas figuras clave con quienes los diplomáticos debían sesionar para tratar temas de su competencia.
Su amplia red de contactos incluía a dirigentes políticos, jerarcas empresariales, líderes sindicales y periodistas, lo que le permitió construir puentes de entendimiento y comunicación. Esta capacidad de enlace fue fundamental para el aggiornamiento de las relaciones múltiples de los funcionarios de la embajada estadounidense en el país.
Incluso después de haber recibido su jubilación, Franklyn Polanco no abandonó su rol de servidor. Continuó siendo un líder al que diversas instancias acudían en busca de soluciones salutíferas, manteniendo siempre la humildad y la eficiencia que lo caracterizaron durante toda su vida laboral. Hoy, tras su fallecimiento, la comunidad periodística recuerda con emoción y tristeza a un hombre que fue un servidor espontáneo de todos y un interlocutor insuperable.


