Lo que comenzó como una visita rutinaria para honrar la memoria de su madre se transformó en una experiencia traumática que ha dejado una marca profunda en la vida de Alicia. La mujer, residente de la ciudad de Ñemby, ha compartido un relato estremecedor sobre un suceso ocurrido hace aproximadamente un mes, asegurando haber sido testigo de un fenómeno que, según sus propias palabras, todavía hoy le provoca una sensación de terror y le pone la piel de gallina.
Los hechos se desencadenaron durante una tarde en la que Alicia se dirigió al camposanto local. Según detalló en declaraciones brindadas a Crónica, el incidente ocurrió cerca de las 4 de la tarde. En ese momento, el cementerio se encontraba prácticamente desierto, una condición de soledad que acentuó la impresión de lo que ocurriría a continuación. La mujer relató que, mientras se disponía a realizar sus actividades habituales de recuerdo y respeto, presenció algo que la dejó completamente helada.
El momento crítico sucedió cuando Alicia abrió el panteón de su madre con la intención de encender una vela. En ese instante, su atención fue captada por un panteón vecino, descrito como una estructura vieja y abandonada que se encontraba en la misma dirección que la tumba de su progenitora. Fue desde este lugar donde, según el testimonio de la mujer, emergió una sombra negra que flotaba en el aire. Alicia asegura que la entidad salió prácticamente de la nada y se desplazó hacia el otro lado. Con la voz aún temblorosa al evocar el recuerdo, afirmó haber visto la figura con total claridad, subrayando que se encontraba sola en el lugar, lo que aumentó su sensación de vulnerabilidad.
A pesar del impacto inicial, Alicia intentó luchar contra el pánico. En un primer momento, trató de mantener la calma y decidió recurrir a la fe para enfrentar la situación. La mujer relató que comenzó a respirar profundamente y a rezar. Fue precisamente mientras se encontraba en medio de sus oraciones que ocurrió un segundo evento: la sombra regresó y entró nuevamente en el mismo panteón abandonado del cual había salido originalmente.
Ante la persistencia de la visión y el miedo que terminó por apoderarse de ella, Alicia decidió interrumpir su visita. Apagó la vela que había encendido, cerró el panteón de su madre y abandonó el recinto lo más rápido posible. La intensidad del susto fue tal que la mujer confesó no recordar con precisión cómo logró salir del cementerio, describiendo un estado de shock que borró los detalles de su retirada.
Este suceso ha provocado un cambio drástico en los hábitos de Alicia. Anteriormente, la mujer mantenía la costumbre de visitar la tumba de su madre semanalmente, un ritual de afecto y memoria. Sin embargo, desde aquel encuentro con la sombra, no ha sido capaz de regresar. El temor ha resultado ser más fuerte que sus ganas de visitar a su familiar, admitiendo que actualmente no se anima a entrar nuevamente en el cementerio.
En un análisis posterior sobre lo ocurrido, Alicia admitió que, por un breve instante, consideró que todo podría haber sido un producto de su imaginación. No obstante, el hecho de que la sombra regresara exactamente al mismo punto de origen le dio la certeza de que no se trataba de una alucinación. Para ella, la presencia era real y visible, lo que descartó cualquier explicación mental simple.
Debido al temor a ser juzgada o a que se burlaran de su relato, Alicia optó por guardar silencio durante varias semanas. A pesar de su deseo de no exponerse a las críticas, la imagen de lo que vio permanecía fija en su mente, impidiéndole encontrar tranquilidad. En busca de una respuesta o una explicación lógica y espiritual, decidió acudir a un sacerdote.
El representante religioso, tras escuchar el testimonio, le ofreció una perspectiva que dejó a la mujer aún más impactada. El sacerdote le explicó que existen almas que necesitan ayuda y que, posiblemente, aquella entidad se manifestó porque requería que alguien rezara por ella o le encendiera una vela. Basado en esto, el clérigo le recomendó que regresara al cementerio para investigar quién había sido enterrado en aquel panteón abandonado y que, posteriormente, mandara a realizar una misa por el descanso de esa alma.
A pesar de la sugerencia del sacerdote y la posible razón detrás de la manifestación, Alicia concluyó su relato reiterando que el miedo sigue siendo el sentimiento predominante. Hasta la fecha, la mujer se siente incapaz de cumplir la recomendación religiosa, ya que el terror de volver a entrar en el cementerio y enfrentarse nuevamente a lo desconocido sigue siendo insuperable.

