Roma se ha convertido en el epicentro de un análisis iconográfico profundo con la inauguración de la exposición titulada Ángeles: mensajeros, custodios y caminantes, alojada en los emblemáticos Museos Capitolinos. Esta muestra, que permanecerá abierta al público hasta el 1 de noviembre de 2026, propone un recorrido exhaustivo por la transformación de uno de los símbolos más persistentes y recurrentes de la historia del arte occidental, trazando una línea que comienza en la tradición religiosa del Medievo y el Renacimiento para culminar en la sensibilidad del arte contemporáneo.
La exposición se desarrolla en los Museos Capitolinos, ubicados en la colina capitolina, un espacio que no solo es fundamental para la ciudad, sino que alberga la colección de arte más antigua de la capital italiana y es considerada por diversos expertos como la galería pública más antigua del mundo. En este entorno, la muestra plantea un viaje donde la figura del ángel deja de ser únicamente un mensajero divino o un guardián celestial para transformarse en una imagen abstracta, vulnerable y profundamente humana.
Viviana Vannucci, una de las comisarias de la exposición, ha explicado que en la actualidad ha prevalecido el arquetipo y el significado simbólico del ángel, alejándose de la descripción naturalista que caracterizó la historia del arte antiguo. Este cambio de paradigma es el eje central de la muestra, que organiza el contenido en diversas etapas evolutivas.
En las primeras salas, los visitantes pueden observar las representaciones tradicionales que predominaron entre los siglos XV y XIX. En este periodo, el protagonismo recae en los llamados putti o querubines, descritos como figuras infantiles, efébicas y asexuales que estaban estrechamente vinculadas a los relatos bíblicos, las visiones del Apocalipsis o los episodios de la vida de Cristo. Sin embargo, a medida que el recorrido avanza, la perspectiva cambia. Las figuras angelicales comienzan a desprenderse de la narrativa estrictamente religiosa para convertirse en presencias ambiguas y formas abstractas. Según Vannucci, la imagen del ángel se transforma en una figura polifacética, multiforme e indefinible, convirtiéndose en un signo, una idea o un recuerdo de su esencia original.
Esta metamorfosis se hace evidente en la sección contemporánea, donde los ángeles han sido reducidos a trazos mínimos, manchas de color o figuras humanas que resaltan la fragilidad. Para lograr esta visión integral, la exposición ha contado con el apoyo de algunas de las instituciones artísticas más prestigiosas de Italia, recibiendo préstamos de las Galerías Uffizi y la Academia de Florencia, la Galería Sabauda de Turín y el Museo de Capodimonte de Nápoles.
Entre las obras más destacadas de la muestra se encuentran El Ángel Custodio (1656) de Pietro da Cortona, El Ángel anunciante de Carlo Dolci, cedido por los Uffizi, y San Mateo con el Ángel (1622) de Guernico. Asimismo, destaca el lienzo Ángel Custodio de Giovanni Antonio Galli, conocido como Lo Spadarino, una pieza que habitualmente se conserva en la iglesia de San Rufo, en Rieti, y que ha sido cedida de manera excepcional por el Fondo Edifici di Culto del Ministerio del Interior italiano. El co-curador Massimo Rossi Ruben subrayó la importancia de la participación de estos prestamistas influyentes y la complejidad logística que supuso trasladar piezas que normalmente son inaccesibles para el público general.
La muestra no se limita a la pintura y la escultura, sino que integra elementos de la vida cotidiana. Un ejemplo notable es la inclusión de un registro escolar de los años treinta, perteneciente al régimen fascista, donde se instruía a los maestros para que enseñaran a los niños la oración del ángel custodio, evidenciando la presencia de esta figura en la cultura social italiana.
Finalmente, la exposición posee una carga emocional significativa, ya que nace como un homenaje a la memoria del papa Francisco, quien falleció el 21 de abril de 2025. La muestra inicia con una imponente estatua acompañada de una cita del pontífice argentino: El ángel custodio es un amigo que no vemos, pero sentimos. Es una presencia cotidiana, discreta y fiel. Viviana Vannucci añadió que el pontífice refería frecuentemente a los ángeles como puentes entre el cielo y la tierra, figuras capaces de conectar lo visible con lo invisible.


