El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, ha generado una nueva ola de tensión en el escenario geopolítico al declarar que las fuerzas militares de su país mantienen actualmente el control del 60% de la Franja de Gaza. Esta revelación fue realizada el pasado jueves durante un acto oficial con motivo del Día de Jerusalén, donde el mandatario subrayó la capacidad y el poderío de su nación. Según las palabras de Netanyahu, este despliegue es una prueba de la fuerza del pueblo, del Estado, del ejército y del patrimonio israelí, enviando un mensaje claro sobre la permanencia de sus tropas en el territorio palestino.
El dato del 60% es especialmente significativo, ya que sugiere que el ejército israelí se ha adentrado en zonas de la Franja de Gaza mucho más extensas de lo que se había previsto inicialmente en el plan de alto el fuego establecido en octubre. De acuerdo con los términos de aquel acuerdo, negociados bajo la mediación de Estados Unidos entre el gobierno de Israel y el movimiento islamista Hamás, las tropas israelíes debían retirarse hasta un límite geográfico denominado la "Línea Amarilla". Dicha demarcación dejaba bajo control israelí poco más del 50% del territorio. Sin embargo, las recientes declaraciones del primer ministro, sumadas a informes de diversos medios de comunicación, indican un avance hacia una nueva demarcación conocida como la "Línea Naranja", ampliando así la presencia militar en la zona.
En su discurso, Netanyahu también abordó uno de los pilares fundamentales de los objetivos declarados de la guerra: la recuperación de los ciudadanos capturados. El primer ministro afirmó categóricamente que han logrado traer de vuelta a casa a todos los rehenes, hasta el último de ellos. Esta declaración se enmarca en la primera fase de la tregua, la cual permitió el intercambio de los últimos rehenes capturados durante los ataques perpetrados por Hamás el 7 de octubre de 2023, evento que desencadenó el actual conflicto armado. A cambio de la liberación de estos rehenes, Israel procedió a la liberación de palestinos que se encontraban detenidos en sus cárceles.
A pesar de este avance en el intercambio de prisioneros, la situación general en la Franja de Gaza sigue siendo crítica. El territorio continúa sumido en la violencia y los esfuerzos diplomáticos para alcanzar un fin definitivo de la guerra parecen haberse estancado. La segunda fase del acuerdo de tregua es el punto donde reside la mayor fricción actual, ya que aborda el desarme total de Hamás y la retirada gradual y coordinada del ejército israelí de la Franja de Gaza. No obstante, la voluntad de ambas partes parece distar considerablemente, y el camino hacia la paz se ve obstaculizado por exigencias militares y políticas.
El gobierno israelí ha sido claro respecto a las consecuencias de un posible incumplimiento en el desarme. Según ha informado la prensa israelí, existe una posibilidad real de que el ejército reanude los combates activos si Hamás se niega a entregar sus armas. El propio Benjamín Netanyahu ha insinuado en repetidas ocasiones que Israel no dudará en "terminar el trabajo" si el movimiento islamista no accede a desarmarse completamente. Durante su intervención el jueves, el primer ministro hizo referencia a las críticas internas y externas, mencionando que hubo quienes le pidieron que se retirara, pero aseguró que no lo hicieron y que, tras controlar el 60%, el futuro de la ocupación queda abierto a evaluación.
El costo humano de este periodo, incluso durante la vigencia de la tregua, sigue siendo alarmante. De acuerdo con los datos proporcionados por el Ministerio de Salud de Gaza, entidad controlada por Hamás y cuyas cifras son consideradas fiables por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), más de 850 palestinos han perdido la vida desde que comenzó la tregua. En contraste, el ejército israelí ha informado sobre la muerte de cinco de sus soldados en el terreno durante el mismo intervalo de tiempo. Esta disparidad en las bajas subraya la persistencia de la violencia en la zona, a pesar de los acuerdos firmados y la supuesta fase de tregua, dejando el futuro de la región en una incertidumbre profunda mientras el control territorial israelí continúa expandiéndose.


