El estado de Texas se encuentra en una situación crítica tras intensificarse peligrosas inundaciones provocadas por días de lluvias torrenciales. La gravedad de la situación obligó a los equipos de emergencia a desplegar operativos de rescate acelerados antes del amanecer del jueves, mientras los meteorólogos emitían advertencias urgentes a la población con instrucciones claras: “¡Muévanse a terrenos más altos ahora mismo!”.
El Servicio Meteorológico Nacional (NWS) en San Antonio ha alertado sobre el avance a toda velocidad de una “gran y mortal ola de crecida”. Esta amenaza se desplaza por el mismo cauce del río que, hace apenas un año, fue escenario de una tragedia donde murieron dos docenas de niños y monitores en Camp Mystic. La recurrencia de estos eventos ha generado una profunda preocupación en las comunidades afectadas, que aún se encuentran en proceso de recuperación de los desastres previos.
El gobernador de Texas, Greg Abbott, informó que las catastróficas inundaciones que azotan la región montañosa del estado han dejado, hasta el momento, dos víctimas mortales. Los detalles de los fallecimientos indican que una persona murió en Comfort, Texas, luego de que una casa rodante fuera arrastrada por la corriente, mientras que una mujer perdió la vida en Uvalde al ser succionado su vehículo por las aguas. Ante este escenario, el gobernador ha declarado el estado de desastre en decenas de condados y ha coordinado el despliegue de drones y helicópteros para sobrevolar las zonas más afectadas.
La prioridad absoluta de las autoridades es el salvamento de vidas. Desde la noche del jueves, rescatistas han trabajado sin descanso para extraer a conductores atrapados en sus vehículos y a personas confinadas en sus hogares debido al rápido ascenso del nivel del agua. En este esfuerzo, los guardabosques de Texas han participado activamente en el rescate de más de 40 personas, concentrándose la mayoría de estas operaciones en el condado de Uvalde, según informó un portavoz del Departamento de Parques y Vida Silvestre de Texas.
En cuanto a los datos meteorológicos, la magnitud del diluvio es considerable. El servicio meteorológico señaló que en los últimos dos días han caído entre 25 y 50 centímetros de lluvia. Lo más alarmante ocurrió en la madrugada del jueves, cuando se registraron 20 centímetros de precipitación en apenas dos horas. La rapidez del incremento hídrico quedó evidenciada por un medidor ubicado a unos 16 kilómetros de Kerrville, el cual mostró que el nivel del río subió 9,7 metros en un lapso de cuatro horas. Se prevé que el río alcance un pico similar al registrado durante la catastrófica inundación del 4 de julio de 2025.
La región de Texas Hill Country y varios condados cercanos a la frontera con México han sido los más golpeados. En Kerrville, los funcionarios municipales instruyeron a la población a refugiarse en los pisos más altos de sus viviendas. Simultáneamente, la Oficina de Manejo de Emergencias del condado de Uvalde emitió un aviso instando a los ciudadanos a permanecer en casa, advirtiendo que la mayoría de las autopistas principales y numerosas calles urbanas se encuentran cerradas debido a la presencia de agua sobre la calzada.
La escala de la emergencia es masiva. Hasta el miércoles por la noche, más de seis millones de residentes distribuidos en 57 condados estaban bajo alerta por inundaciones del Servicio Meteorológico Nacional. De estos, las alertas para 34 condados se prolongarán hasta la noche del viernes. Además de las inundaciones, la región ha tenido que lidiar con la emisión de varias alertas por tornados, complicando aún más las labores de respuesta.
El impacto humano es visible en las calles. En el condado de Uvalde, donde se han registrado algunos de los mayores acumulados de lluvia, la policía ordenó evacuaciones obligatorias en zonas específicas desde el miércoles. Residentes a orillas del río Leona fueron vistos empacando sus pertenencias y vehículos apresuradamente, aunque muchos manifestaban incertidumbre sobre hacia dónde dirigirse. El paisaje se transformó rápidamente: relámpagos iluminaban cielos oscuros mientras el río, usualmente tranquilo, se convertía en una corriente de agua marrón con grandes rápidos que chocaban contra puentes y se infiltraban en los vecindarios.

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