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El ministro de Salud dimite y pone en jaque el liderazgo de Keir Starmer

Wes Streeting es visto como posible rival del actual primer ministro, Keir Starmer. En una carta, el saliente funcionario abogó por un debate sobre el liderazgo laborista.

El ministro de Salud dimite y pone en jaque el liderazgo de Keir Starmer

El panorama político del Reino Unido ha sufrido un vuelco significativo este jueves, 14 de mayo de 2026, tras el anuncio oficial de la dimisión de Wes Streeting, quien hasta ahora desempeñaba el cargo de ministro de Salud. Esta decisión no representa únicamente la salida de un miembro clave del gabinete, sino que se posiciona como una amenaza directa y seria para la continuidad de Keir Starmer en la jefatura del Gobierno británico y la dirección del Partido Laborista.

La renuncia de Streeting llega en un momento de extrema vulnerabilidad para el Ejecutivo. El Partido Laborista acaba de atravesar una debacle electoral en los comicios locales celebrados el pasado 7 de mayo, resultados que han recrudecido la crisis interna y han dejado al descubierto las fracturas profundas dentro de la formación. En este escenario, la salida del ministro de Salud actúa como un catalizador que intensifica la inestabilidad gubernamental y la presión sobre el primer ministro.

A través de un comunicado formal, Streeting, de 43 años, ha sido tajante sobre el futuro del primer ministro. El exministro aseguró que, basándose en los resultados de las votaciones de la semana anterior, es evidente que Keir Starmer no posee la capacidad ni el respaldo necesario para liderar el partido de cara a los comicios legislativos de 2029. Ante esta convicción, Streeting ha abogado abiertamente por la apertura de un debate sobre el liderazgo, sugiriendo que el partido debe contar con el mejor rango de candidatos posible para asegurar su viabilidad futura. Es notable que Streeting, quien representa al ala derechista del Partido Laborista, ha sido señalado en los últimos días como uno de los nombres más fuertes para sustituir a Starmer.

En el contenido de su carta de dimisión, Streeting ha mantenido un tono complejo, equilibrando el reconocimiento con la crítica severa. Por un lado, defendió las fortalezas de Starmer como líder, recordando el éxito obtenido en julio de 2024, cuando el Partido Laborista accedió al poder con una mayoría absoluta. El saliente ministro ensalzó específicamente el coraje de Starmer en el ámbito internacional y valoró positivamente su determinación política para mantener al Reino Unido fuera del conflicto bélico en Irán.

Sin embargo, este reconocimiento sirvió como preámbulo para una enumeración detallada de las debilidades del primer ministro. Streeting afirmó que la reciente debacle electoral es la consecuencia directa de la impopularidad del Ejecutivo laborista y de una serie de errores individuales cometidos durante la gestión. Entre estos fallos, destacó la controvertida decisión de recortar las ayudas destinadas a los jubilados, una medida que, según el ministro, ha dejado a la ciudadanía y al país sin una comprensión clara de cuáles son los principios y las defensas reales del partido en la actualidad.

La crítica más dura de Streeting se centró en la falta de rumbo del Gobierno. "Donde necesitamos visión, tenemos una aspiradora. Donde necesitamos dirección, tenemos deriva", sentenció el exministro en su texto, subrayando la ausencia de un proyecto coherente que guíe la acción gubernamental. Concluyó su misiva asegurando que Starmer no guiará al laborismo en las próximas elecciones legislativas.

La salida de Wes Streeting marca un punto de inflexión, ya que es el primer ministro del gabinete que decide abandonar su puesto. Si bien en días anteriores cuatro secretarios de Estado ya habían presentado sus dimisiones, la partida de un ministro de la talla de Streeting coloca al jefe del Gobierno en una situación sumamente comprometida.

Actualmente, el seno del Partido Laborista se encuentra profundamente dividido. Por un lado, existe un grupo creciente que exige la dimisión inmediata de Keir Starmer o, al menos, que el primer ministro establezca un plan de salida estructurado. Por otro lado, persiste un sector que todavía respalda a Starmer como el líder idóneo para conducir la formación. Esta fractura interna, sumada a la presión ejercida por figuras como Streeting, deja el futuro del Gobierno británico en una situación de incertidumbre.

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