El escenario político en Israel ha entrado en una fase de máxima tensión tras la solicitud formal del partido centrista Yesh Atid, la principal fuerza de oposición al Gobierno de Benjamin Netanyahu, para convocar una sesión plenaria en la Knéset. El objetivo central de esta petición es debatir un proyecto de ley que permita la disolución de la cámara legislativa, lo que desencadenaría inevitablemente un adelanto de las elecciones generales. Esta maniobra, que busca desestabilizar la actual administración, ha encontrado un respaldo inesperado y crítico dentro de la propia coalición gobernante, específicamente en el sector ultraortodoxo.
El detonante de esta crisis es la profunda discordia respecto a la integración de los estudiantes de las escuelas talmúdicas, conocidas como yeshivás, en el servicio militar obligatorio de las Fuerzas de Defensa de Israel. Durante años, estos estudiantes, dedicados exclusivamente al estudio de la Torá y el Talmud, han contado con exenciones que les permitían evitar el alistamiento. Sin embargo, la postura del primer ministro Benjamin Netanyahu ha dado un giro determinante. Recientemente, el mandatario declaró que no tiene la intención de aprobar un nuevo proyecto de ley que mantenga dichas exenciones, impulsando la idea de que los estudiantes religiosos deben asumir sus responsabilidades militares.
Esta decisión ha provocado una ruptura drástica con la facción Déguel Hatorá, perteneciente al partido ultraortodoxo Judaísmo Unido de la Torá, el cual forma parte del Gobierno de coalición. La respuesta de este sector ha sido contundente: han anunciado que respaldarán cualquier propuesta que lleve a la disolución de la Knéset. El rabino Dov Lando, figura clave de Déguel Hatorá, manifestó abiertamente la pérdida de confianza hacia Netanyahu tras una reunión con los diputados de su facción. Lando afirmó que, a partir de ahora, sus acciones se centrarán exclusivamente en lo que sea beneficioso para el judaísmo jaredí y el mundo de las yeshivás, declarando que el concepto de "bloque" político con el gobierno ya no existe para ellos.
A este malestar se suma la postura de Agudat Israel, la otra facción de Judaísmo Unido de la Torá, que también ha indicado que apoyará la disolución del Parlamento si se somete a votación. Este giro interno deja a Netanyahu en una posición vulnerable, ya que ahora se encuentra flanqueado por una oposición coordinada y aliados gubernamentales resentidos.
En este contexto de inestabilidad, otras formaciones políticas han sumado sus peticiones para acelerar el proceso. El partido de izquierdas Los Demócratas y la formación Israel Beitenu —de corte derechista, nacionalista y secular— también han solicitado la convocatoria de la sesión plenaria. Israel Beitenu ha sido especialmente crítico, asegurando que el objetivo de adelantar los comicios es reemplazar a un gobierno que califican como "los mayores fracasados en la historia del país", responsabilizándolo directamente de los sucesos ocurridos durante la masacre del 7 de octubre.
La coordinación de estas fuerzas recae en Meirav Ben Ari, coordinadora de la oposición, quien ha solicitado a la presidencia de la Knéset que la sesión se realice de manera inmediata. Aunque aún no hay una respuesta oficial sobre la fecha exacta, el procedimiento legislativo es claro: una vez fijada la sesión, el proyecto de ley para la disolución debe superar una lectura preliminar y tres lecturas legislativas adicionales. De aprobarse, se iniciaría un plazo legal de 90 días para celebrar las elecciones generales. De concretarse este calendario, los comicios podrían adelantarse al mes de agosto, adelantándose dos meses a la fecha originalmente prevista para el 27 de octubre.
No obstante, el éxito de esta iniciativa no está garantizado únicamente por el malestar de Déguel Hatorá. Para alcanzar la mayoría necesaria, se requeriría el apoyo del partido ultraortodoxo sefardí y mizrají Shas. Esta formación cuenta con 11 diputados y también integra la coalición gubernamental, pero hasta el momento no ha emitido amenazas similares de disolución. Paralelamente, se observa un movimiento estratégico donde Yair Lapid y Naftali Bennett parecen reeditar su alianza para intentar desbancar a Netanyahu en las próximas urnas.


