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Barandas de seguridad en Punta Arenas se convierten en estacionamiento informal de vehículos

En Punta Arenas el viento es una constante, tan así que hace “fiuuuum”, por eso las barandas de Plaza de Armas con José Nogueira están para afirmarse para no terminar volando hasta Porvenir. Pero en el último tiempo algunos decidieron convertirlas en estacionamiento premium para bicicletas y hasta motos afuera del edificio de Enap. Mientras...

Barandas de seguridad en Punta Arenas se convierten en estacionamiento informal de vehículos

En la ciudad de Punta Arenas, la convivencia con los elementos naturales es una característica definitoria de la vida cotidiana, siendo el viento el protagonista absoluto y constante de la zona. Esta fuerza atmosférica es tan persistente y poderosa que se manifiesta a través de un sonido característico, descrito como un "fiuuuum", que acompaña el caminar de los residentes y visitantes por las calles magallánicas. Debido a la intensidad de estas ráfagas, la infraestructura urbana ha sido diseñada pensando en la seguridad y la estabilidad de los peatones, implementando soluciones arquitectónicas que permitan a las personas mantener el equilibrio frente a las corrientes de aire.

Un ejemplo claro de esta adaptación se encuentra en las barandas ubicadas en la intersección de la Plaza de Armas con José Nogueira. Estas estructuras metálicas no fueron instaladas con fines ornamentales ni para el soporte de objetos, sino que cumplen una función crítica de seguridad ciudadana. Su propósito fundamental es servir de apoyo y punto de afirmación para que los transeúntes puedan sujetarse firmemente, evitando así que la fuerza del viento los desplace o, en términos coloquiales y exagerados por la fuerza del clima, que terminen volando hasta Porvenir. La utilidad de estas barandas es, por lo tanto, un elemento esencial para la supervivencia y la movilidad segura de quienes intentan transitar por el centro de la ciudad mientras enfrentan las ráfagas típicas de la región.

Sin embargo, en el último tiempo, se ha observado un cambio en el uso de este mobiliario urbano que contraviene su función original. Un grupo de personas ha decidido ignorar la utilidad de seguridad de estas barandas para convertirlas, en la práctica, en un estacionamiento premium para vehículos menores. Específicamente, se ha detectado que diversas bicicletas y hasta motocicletas están siendo amarradas y dejadas en estas estructuras, justo afuera del edificio de Enap. Este fenómeno transforma un elemento de protección peatonal en un soporte para el parqueo de vehículos, alterando la dinámica de un espacio que debería estar despejado para el uso de quienes necesitan sostenerse para no caer debido al viento.

La situación presenta una ironía evidente: mientras una parte de la población lucha contra las inclemencias del tiempo y se esfuerza por sobrevivir a las ráfagas magallánicas utilizando las barandas para su sostén, otros usuarios del espacio público utilizan el mismo lugar para dejar sus vehículos con una comodidad sorprendente. La disposición de estas bicicletas y motos es tal que el área ha comenzado a asemejarse a un estacionamiento de la Zona Franca, donde la organización y el flujo de vehículos son la norma. De hecho, la similitud es tan marcada que solo faltaría la presencia de un ticket y un tarjetero cobrando la tarifa por hora para completar la transformación de la infraestructura de seguridad en un negocio de aparcamiento informal.

Este comportamiento pone de relieve una contradicción en el uso del espacio público en Punta Arenas. Por un lado, está la necesidad básica de seguridad frente a un clima extremo y, por otro, la conveniencia individual de quienes buscan un lugar estratégico para estacionar sus medios de transporte cerca del edificio de Enap. El uso de las barandas de la Plaza de Armas con José Nogueira como estacionamiento no solo desvirtúa el propósito para el cual fueron instaladas, sino que ignora la realidad climática de la ciudad, donde el apoyo físico es muchas veces la única diferencia entre mantenerse en pie o ser arrastrado por el viento.

La información sobre este hecho ha sido recopilada y puesta de manifiesto gracias a las observaciones de Mario Gutiérrez Rojas, Berta Alvarado Muñoz y Alexis González Aguila, quienes han evidenciado cómo un elemento destinado a evitar que los ciudadanos vuelen hacia Porvenir ha terminado siendo el soporte de bicicletas y motos en un estacionamiento improvisado.

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