La operatividad de los servicios de emergencia y seguridad ciudadana se rige por una lógica que no admite pausas. En este contexto, el concepto del servicio 24/7 deja de ser una consigna administrativa para convertirse en una realidad tangible y desgastante. Según el reporte elaborado por Mario Gutiérrez Rojas, Berta Alvarado Muñoz y Alexis González Aguila, quienes mejor comprenden esta dinámica son, precisamente, los radiopatrullas de Carabineros. Para estos vehículos, el tiempo no se mide en días laborales o jornadas de descanso, sino en una continuidad absoluta que pone a prueba la resistencia de cada componente mecánico en todo momento.
La dinámica de trabajo se describe como una especie de posta. Mientras que el personal humano tiene turnos definidos y periodos de relevo, el activo mecánico no posee el mismo privilegio de descanso. El proceso es sistemático: un conductor finaliza su turno de servicio y hace la entrega del vehículo al funcionario que comienza su jornada. En este traspaso, el factor humano rota, pero el motor permanece en funcionamiento. Esta transición constante implica que el vehículo nunca se detiene realmente; es una máquina que sigue andando mientras los rostros al volante cambian. Esta estructura operativa garantiza que la seguridad no se interrumpa, pero genera un efecto colateral inevitable en la vida útil de los automóviles utilizados para el patrullaje.
Esta presión constante sobre la maquinaria conduce a situaciones críticas de falla técnica, coloquialmente denominadas como estar en pana. La realidad del uso intensivo se manifiesta cuando los vehículos, sometidos a un régimen de trabajo sin interrupciones, alcanzan un punto de saturación mecánica. El desgaste no es gradual en el sentido tradicional, sino que es el resultado de una exigencia permanente que no permite el enfriamiento o el mantenimiento preventivo inmediato mientras el servicio está activo. Es en este escenario donde se evidencian las consecuencias directas de la máxima del 24/7 aplicada a la infraestructura móvil de la institución.
Un ejemplo concreto de esta situación fue capturado en una imagen que ilustra la vulnerabilidad de los medios de transporte policial. En dicha escena, se observa un radiopatrulla que ha quedado completamente inoperativo. La gravedad de la falla mecánica era tal que el vehículo se encontraba en un estado de inmovilidad total, describiéndose que el móvil no podía avanzar ni retroceder. Esta condición de no ir ni para atrás ni para adelante representa la culminación del desgaste físico del móvil, el cual, tras haber cumplido su función de posta ininterrumpida, simplemente dejó de responder a los mandos del conductor.
Ante esta contingencia, la operatividad tuvo que ser rescatada mediante la cooperación entre distintos organismos. Fue una camioneta de seguridad municipal la que tuvo que intervenir para prestar el apoyo necesario al radiopatrulla averiado. Este hecho pone de manifiesto que, ante la falla de los medios principales de Carabineros, el apoyo de los organismos locales de seguridad se vuelve fundamental para solventar los problemas logísticos que surgen del uso intensivo de los recursos. La imagen de un vehículo municipal asistiendo a un radiopatrulla es la representación visual de la crisis mecánica que enfrentan los móviles policiales debido a su ritmo de trabajo.
En conclusión, el análisis realizado por Mario Gutiérrez Rojas, Berta Alvarado Muñoz y Alexis González Aguila revela que la eficiencia del servicio 24/7 tiene un costo material significativo. La analogía de la posta, donde el motor sigue andando mientras el personal rota, explica por qué es habitual encontrar estos vehículos en estado de pana. La inmovilidad total de un radiopatrulla no es un evento aislado, sino la consecuencia directa de un sistema que prioriza la continuidad del servicio sobre el descanso de la maquinaria, obligando a que otras entidades, como la seguridad municipal, deban intervenir para asistir a quienes, en principio, deben brindar la protección y vigilancia.

