El mercado de teléfonos celulares en Argentina atraviesa una crisis profunda, con una caída en las ventas que se espera que continúe en los próximos años. De las 6,2 millones de unidades vendidas el año pasado, se proyecta que en 2026 se comercialicen entre 5 y 5,2 millones, una baja significativa que preocupa a la industria. En el primer trimestre del año, ya se registró una disminución del 16% en el volumen de ventas, según relevamientos privados.
Esta situación ha exacerbado dos tendencias preexistentes: la necesidad de lanzar promociones constantes para estimular la demanda y la posible desaparición de la gama baja de teléfonos celulares. Las empresas se ven obligadas a buscar beneficios y promociones para mantener la facturación en un contexto de pérdida de poder adquisitivo por parte de los consumidores.
La pérdida de poder adquisitivo es un factor clave en esta crisis. Según datos del Indec, en febrero los salarios del sector registrado aumentaron un 27,5% interanual, mientras que la inflación fue del 33,1% en el mismo período. Esta diferencia afecta tanto a trabajadores públicos como privados, reduciendo su capacidad para adquirir bienes de consumo, incluyendo teléfonos celulares.
Sin embargo, el principal detonante de la crisis no es solo la inflación, sino la escasez y el encarecimiento de las memorias, componentes esenciales para la fabricación de teléfonos. Las empresas dedicadas a la Inteligencia Artificial han acaparado el 70% de la producción de chips de memorias, destinándolos principalmente a la provisión de datacenters. Esto ha generado una menor disponibilidad de estos insumos para la industria de los teléfonos celulares y las computadoras, elevando sus precios.
El aumento en el costo de las memorias ha anulado los efectos positivos de la reducción de aranceles de importación que el Gobierno implementó entre 2025 y 2026, que bajaron del 16% al 0% y los tributos internos del 19% al 9,5%. Hoy, todos los aumentos de costos de los componentes se trasladan directamente al precio final de los teléfonos celulares.
Para evitar un aumento drástico en los precios, algunos fabricantes optan por reducir las especificaciones de los teléfonos de gama baja, disminuyendo la cantidad de RAM y memoria, o realizando otros recortes en sus características. Los fabricantes lanzan nuevos dispositivos con especificaciones reducidas para mantener el mismo nivel de precio , explica el especialista Enrique Carrier.
Esta situación plantea dos escenarios posibles: un aumento en el precio de los teléfonos, lo que dificultaría aún más el acceso para muchos consumidores, o una aceleración del proceso de achicamiento de la gama baja, que ya se venía observando.
De hecho, la participación de los teléfonos de gama baja en las ventas totales ha disminuido significativamente. Mientras que en 2024 representaban el 55% de las ventas, actualmente han caído al 38%. En contraste, los teléfonos de gama media han aumentado su participación del 35% al 48%, y los de gama alta del 10% al 14%.
Según un informe de Carrier, el segmento de gama baja es el más afectado debido a su alta sensibilidad al precio y sus márgenes mínimos . La crisis de las memorias hace que los modelos de menos de US$ 150 sean económicamente insostenibles. El impacto del aumento de las memorias en el precio final de los teléfonos de gama baja se sitúa entre el 20% y el 30%, un porcentaje demasiado elevado para un segmento de mercado muy sensible al precio.
En cambio, el impacto en los teléfonos de gama alta es menor, oscilando entre el 10% y el 15%. Esta diferencia en el impacto de los costos explica por qué la gama alta está ganando terreno en el mercado argentino.
La escasez de memorias y el consiguiente aumento de precios no son un problema exclusivo de Argentina, sino un fenómeno global. Sin embargo, en el contexto local, con un bajo nivel de compra y una alta inflación, los efectos son particularmente fuertes. La industria se enfrenta al desafío de adaptarse a esta nueva realidad, buscando alternativas para mantener la rentabilidad y ofrecer productos que sigan siendo accesibles para los consumidores, aunque sea con especificaciones más limitadas. La situación actual exige una revisión profunda de las estrategias de venta y una mayor flexibilidad para responder a las cambiantes condiciones del mercado.









