Guatemala, 2 de mayo de 2024 – La llegada al poder de Bernardo Arévalo ha despertado ecos del pasado, particularmente del gobierno de Jorge Serrano Elías, quien ganó las elecciones en 1991 capitalizando el hartazgo popular con “los mismos”. Un análisis comparativo revela similitudes preocupantes en las circunstancias de ambos presidentes, sus desafíos iniciales y, sobre todo, la falta de resultados tangibles que podrían conducir a un destino similar.
Serrano Elías, al igual que Arévalo, llegó a la presidencia sin un respaldo sólido en el Congreso, con un partido dividido y sin el apoyo del sector privado. Su campaña se basó en un discurso de cambio, utilizando el eslogan “los mismos no” al ritmo de la popular canción de María Cristina, apelando a un electorado cansado de la clase política tradicional. Sin embargo, rápidamente quedó claro que Serrano Elías representaba un voto de protesta, heredado en gran medida de los seguidores de Ríos Montt, a quien se le había prohibido participar en las elecciones.
La presidencia de Serrano Elías culminó en un intento de golpe de Estado en 1993, cuando disolvió el Congreso, la Corte Suprema de Justicia y la Corte de Constitucionalidad, suspendiendo 59 artículos de la Constitución. Este acto, que lo llevó a ser conocido como el “aprendiz de dictador”, fue motivado por su aislamiento político y su creencia errónea de ser el “elegido de Dios” para refundar el Estado.
El autor del análisis advierte que Arévalo presenta paralelismos inquietantes con Serrano Elías. Al igual que su predecesor, llegó al poder sin el control del Congreso, con un partido fracturado y sin el apoyo del sector privado. Su estilo de comunicación, descrito como autoritario, y sus declaraciones a menudo imprudentes, revelan un desconocimiento de la ley y de sus funciones como presidente. La famosa frase “lo digo con total cerveza” es citada como ejemplo de su falta de seriedad y profesionalismo.
La gestión de Arévalo ha estado marcada por constantes cambios de ministros, comparados con los movimientos de jugadores en un partido de fútbol. La designación de un dentista como ministro de Comunicaciones, quien equiparó la reparación de una carretera con la de una muela, es señalada como un ejemplo de la falta de criterio y competencia en la selección de su gabinete. Esta decisión, según el análisis, resultó en retrasos significativos y pérdidas millonarias para el país.
A pesar de su discurso de lucha contra la corrupción, el gobierno de Arévalo ha registrado la ejecución presupuestaria más baja en la historia de Guatemala, a pesar de contar con el Presupuesto General de la Nación más alto. En lugar de enfocarse en resolver los problemas de fondo, el presidente se ha enfrascado en una “guerra mediática” para controlar las cortes y destituir a Consuelo Porras, una estrategia que, según el análisis, podría haber sido manejada de manera más discreta y efectiva.
Con año y medio de gobierno por delante, el autor insta a Arévalo a aprender de los errores del pasado y a concentrarse en trabajar en lugar de buscar protagonismo mediático. Advierte que gastar recursos en sueldos sin generar resultados tangibles es una forma de corrupción y que el país demanda soluciones concretas, no solo promesas de cambio.
El análisis concluye con una advertencia contundente: si Arévalo no logra revertir la situación y demostrar resultados, la historia y la patria lo condenarán. La comparación con Serrano Elías sirve como un recordatorio de que el discurso de la lucha contra la corrupción no es suficiente y que el verdadero éxito de un gobierno se mide por su capacidad para mejorar la vida de los ciudadanos. La “nave del olvido”, como se describe en el texto, espera a aquellos que no aprenden de los errores del pasado. El tiempo corre y la presión por entregar resultados es cada vez mayor.


