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ONU 2027: Dos Visiones para un Mundo en Crisis

ONU 2027: Dos Visiones para un Mundo en Crisis

En la antesala de una definición clave para el futuro de la Organización de las Naciones Unidas, dos perfiles muy distintos concentran parte de la atención internacional: la economista costarricense Rebeca Grynspan y el ex mandatario senegalés Macky Sall. Ambos aspiran a suceder a António Guterres a partir de 2027, en un contexto global atravesado por tensiones geopolíticas, crisis económicas y desafíos climáticos cada vez más urgentes.

Ayer ya presentaron su candidatura la ex presidente de Chile, Michelle Bachelet, y el director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el argentino Rafael Grossi.

Rebeca Grynspan llega a la contienda con un perfil técnico y una extensa trayectoria dentro del sistema multilateral. Economista de formación y actual secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), supo construir su carrera en torno a la cooperación internacional y el desarrollo. Fue vicepresidenta de Costa Rica y ocupó cargos de peso en organismos como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), donde se destacó por su enfoque en la reducción de la desigualdad en América Latina.

Uno de los hitos más relevantes de su gestión reciente fue su participación en la negociación de la Iniciativa del Mar Negro en 2022, un acuerdo clave entre Rusia y Ucrania que permitió destrabar la exportación de granos en medio de la guerra. Esa experiencia le dio visibilidad como una figura capaz de tender puentes en escenarios complejos. En sus intervenciones, Grynspan suele insistir en la necesidad de reconstruir la confianza entre los países y fortalecer el multilateralismo, apoyándose en los principios fundacionales de la ONU tras la Segunda Guerra Mundial.

Su candidatura también se inscribe en un reclamo histórico: que una mujer, por primera vez, ocupe la Secretaría General. En ese sentido, su perfil combina experiencia técnica con una narrativa alineada a los debates actuales sobre representación y equidad dentro de los organismos internacionales. La posibilidad de ver a una mujer al frente de la ONU ha generado expectativas y debates sobre la importancia de la diversidad de género en los puestos de liderazgo global.

Por otro lado, Macky Sall representa una mirada más política, forjada en la conducción de un país africano durante más de una década. Presidente de Senegal entre 2012 y 2024, su gestión estuvo marcada por intentos de modernización económica, impulso a la infraestructura y un rol activo en foros regionales como la Unión Africana, donde incluso ejerció la presidencia. Su experiencia en la política nacional e internacional le otorga una perspectiva única sobre los desafíos que enfrenta el continente africano y el mundo en general.

Sall plantea una agenda en la que el desarrollo económico es inseparable de la paz. Según su visión, los conflictos no pueden resolverse de manera duradera si persisten la pobreza, la desigualdad y la vulnerabilidad frente al cambio climático, problemas que afectan con especial dureza al continente africano. Esta perspectiva busca ampliar el foco tradicional de la seguridad internacional hacia un enfoque más integral, que aborde las causas profundas de los conflictos y promueva el desarrollo sostenible.

Sin embargo, su candidatura no está exenta de controversias. Durante sus últimos años en el poder, su gobierno fue cuestionado por la represión de protestas opositoras que dejaron decenas de muertos, un punto que genera resistencias tanto dentro como fuera de Senegal. Las acusaciones de represión política han generado un debate sobre su historial de derechos humanos y su capacidad para liderar una organización que promueve los valores democráticos. Además, su postulación no cuenta con un respaldo unificado del bloque africano, lo que podría debilitar sus chances en una carrera donde el apoyo regional suele ser determinante. La falta de un consenso africano podría dificultar su capacidad para movilizar el apoyo necesario para ganar la elección.

La competencia por la Secretaría General de la ONU se perfila como un proceso complejo y reñido, con candidatos que representan diferentes enfoques y prioridades. La elección del próximo secretario general tendrá un impacto significativo en la dirección y el futuro de la organización, en un momento crucial para la cooperación internacional y la búsqueda de soluciones a los desafíos globales. La decisión final dependerá de la capacidad de los candidatos para convencer a los estados miembros de que pueden liderar la ONU de manera efectiva y promover los valores de la paz, la seguridad y el desarrollo sostenible. La diplomacia y la negociación serán clave en este proceso, ya que se requerirá un amplio consenso para elegir al sucesor de António Guterres.

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