Resorts World, uno de los hoteles-casino más importantes de Las Vegas, se encuentra en el centro de una investigación por lavado de activos que ha salpicado a varios exfutbolistas argentinos y a un periodista deportivo. El caso, que salió a la luz tras la detención de Enrique Quique Felman por una deuda de US$300.000, revela una red que operaba desde la meca del juego, facilitando el blanqueo de dinero proveniente de apuestas ilegales y prestamistas clandestinos.
Felman, conductor de TyC Sports, fue arrestado al regresar a Estados Unidos el 1 de febrero pasado. Tras 13 días de detención, llegó a un acuerdo con la justicia para pagar US$120.000 y quedó libre de cargos. Sin embargo, su testimonio desencadenó una serie de denuncias contra Norberto Ortega Sánchez, Sergio La Bruja Berti, Sergio Ratón Zárate y José Turu Flores, quienes ahora enfrentan demandas judiciales por deudas similares.
Según la denuncia de Resorts World, los exfutbolistas incumplieron el pago de markers , instrumentos de crédito utilizados para el juego, que fueron devueltos por sus bancos por falta de fondos. El casino argumenta que los argentinos se endeudaron, jugaron, perdieron y no pagaron. Si desean volver a Estados Unidos, deberán defenderse en la justicia norteamericana.
El relato de Felman apunta a Maximiliano Palermo, un argentino de 40 años cuya familia tiene vínculos con los casinos, como el cerebro de la operación. Palermo, según el periodista, llevaba a alrededor de 400 jugadores de fútbol y periodistas por mes a apostar dinero, emitiendo deudas a sus nombres. Tras desaparecer, dejó a todos endeudados. Palermo también habría llevado a los cuatro exfutbolistas ahora denunciados a apostar y perder.
La investigación de la Junta de Control de Juegos de Nevada reveló que Resorts World operó durante años con controles ineficaces, convirtiéndose en una plataforma para limpiar fondos de origen criminal. En marzo de 2025, el casino acordó el pago de una multa de US$10 millones por lavado de dinero, una sanción regulatoria estatal que no implica una condena penal. No obstante, la Junta de Control dejó claro que podría imponer sanciones adicionales si surgía una acción federal posterior.
Los documentos oficiales describen una maniobra similar a la realizada por Palermo: llevar a personalidades del mundo deportivo a promocionar el casino, ofreciéndoles un caché fijo de US$5000 con la condición de jugar de la manera solicitada, incluso induciéndolos a perder. Palermo les proporcionaba el dinero a los jugadores y periodistas, imponiéndoles condiciones como jugar con otras personas, no usar fondos propios y abstenerse de consumir alcohol.
El esquema de lavado de dinero se basaba en intermediarios, conocidos como junkets , que atraían a jugadores de alto poder adquisitivo al casino. Uno de ellos, Mathew Bowyer, es un reconocido corredor de apuestas ilegales. Resorts World permitió que estos promotores operaran a pesar de las alertas sobre sus vínculos con casas de apuestas ilegales y organizaciones criminales.
A pesar de las advertencias, el casino trataba a estos clientes VIP, ofreciéndoles regalos y permitiéndoles apostar grandes sumas de dinero sin aplicar los controles requeridos por el gobierno de Nevada ni justificar el origen de los fondos. El circuito comenzaba en mercados ilegales de apuestas, donde se generaba el dinero. Los intermediarios canalizaban esos fondos hacia los jugadores que viajaban a Las Vegas. Una vez en el casino, realizaban apuestas mínimas o simulaban actividad de juego, cambiaban fichas y luego solicitaban pagos a Resorts World en cheques, transferencias bancarias o créditos internos. De esta manera, el dinero regresaba al sistema financiero formal con apariencia de ganancias legítimas del juego.
La Junta de Control de Juegos de Nevada determinó que Resorts World tenía la obligación legal de detectar este tipo de patrones, verificar el origen de los fondos, monitorear transacciones inusuales, reportar operaciones sospechosas y bloquear a clientes de alto riesgo. Sin embargo, según los documentos, el casino ignoró señales evidentes, como jugadores sin ingresos lícitos conocidos, promotores vinculados a apuestas ilegales, movimientos de grandes sumas en efectivo y estructuras de deudas paralelas que operaban fuera de los controles.
La investigación también reveló una cultura interna que priorizaba el volumen de apuestas por encima del cumplimiento de las normas antilavado, lo que permitió que el casino funcionara como una pieza clave en el engranaje de lavado de dinero. Resorts World operó con métodos inadecuados y, a pesar de la imposición de una multa millonaria y la obligación de reformar su sistema de control, parece que no se cumplieron las medidas correctivas. El caso expone las vulnerabilidades del sistema de control en Las Vegas y la facilidad con la que el dinero ilícito puede ser blanqueado a través de los casinos.












