Un cese del fuego de 10 días entre Israel y Líbano entró en vigor este jueves, tras más de seis semanas de conflicto desencadenadas por la ofensiva israelí contra Hezbolá, grupo militante respaldado por Irán. El anuncio, realizado por Donald Trump, se produjo en un contexto de tensiones regionales exacerbadas por la guerra entre EE.UU. e Israel contra Irán, y la reciente reapertura del estrecho de Ormuz por parte de este último.
La ofensiva israelí ha tenido un impacto devastador en Líbano, con más de 2.000 muertos y 1,2 millones de desplazados, según datos de la ONU. Israel ha justificado sus operaciones como un intento de debilitar a Hezbolá y crear una "zona de amortiguamiento" en el sur de Líbano, ocupando amplias zonas del territorio.
El alto el fuego, inicialmente anunciado como parte de un acuerdo más amplio que incluiría a Líbano, se vio empañado por un ataque aéreo israelí relámpago que causó al menos 300 muertos y 1.150 heridos, generando una fuerte condena internacional. Israel defendió la acción argumentando que el alto el fuego con Irán no se extendía a Líbano, postura respaldada por Trump, quien calificó la guerra en Líbano como un "conflicto aparte".
A pesar del acuerdo, las tropas israelíes permanecerán en la "zona de seguridad" durante la pausa, mientras que Hezbolá ha advertido que mantendrá el "dedo en el gatillo" ante cualquier "acto de traición". El anuncio del alto el fuego sorprendió a Israel, incluso a su propio gabinete de seguridad, según informes de la BBC.
Expertos señalan que Netanyahu busca una "victoria" en Líbano para reforzar su apoyo interno, mientras que Hezbolá, un actor poderoso en Líbano con vínculos con Irán, no será desarmado por la fuerza. El futuro del grupo, y la estabilidad de Líbano, dependerán en gran medida de las negociaciones y la influencia de Teherán.
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